GUADALAJARA, Jalisco.- ¿De dónde surge la inspiración de los grandes creadores?, ¿cuál es el ojo de agua del que se desencadena su genio artístico?, y ¿a qué le puede temer un cineasta como Guillermo del Toro?…
Un umbral marca el inicio del recorrido por la muestra del cineasta tapatío «En Casa con mis Monstruos». El misticismo que habita en la música de sus películas, como en el Laberinto del Fauno, está impregnado también en los objetos y la museografía de la exhibición.
Para acceder hay que ser observado, en un túnel que da la bienvenida, varios ojos miran al espectador. Al final de este primer tramo coexisten dos objetos fundamentales para el autor, dos imágenes que si hubiera un incendio, cuenta Eugenio Caballero en un recorrido por la muestra que él mismo curó y creó junto al también ganador del Oscar, serían las primeras cosas que rescataría.
A la izquierda se puede ver una imagen de Guillermo del Toro cuando era niño. El blanco y negro transmite con fuerza la sonrisa natural y contagiosa del mexicano, además de una mirada ya profunda, llena de emociones.
A la derecha, un retrato de 1972, una polaroid en la que Susana, su hermana, está tirada en el pasto, descalza. Sobre ella, Del Toro con ojos falsos y colmillos de vampiro: un adelanto de los gustos que dominan su vida y creaciones.
Durante la revisión de la muestra, realizada ayer, Caballero contó otras pistas para quienes visiten las obras que alberga el Museo de las Artes de Guadalajara. Los primeros cómics que «Memo» compraba, cuando cada semana sus tíos lo llevaban a un puesto de revistas ubicado en la esquina de Pedro Moreno y Robles Gil. Las portadas de esas historietas, llenas de zombies, luchadores, muertes, serían directa o indirectamente influencias para las escenas de sus cintas.
«Queríamos anclar a Guillermo en México. En GDL con este museo, que está a dos cuadras de donde vivía, de dónde pasó su infancia. (…) Quisimos dar un paso más allá, esta expo no es acerca de sus películas, es acerca de su imaginario», cuenta el director artístico.
Ese universo fantástico está compuesto por el arte popular mexicano, por la labor de los artesanos de Tonalá, como por los creadores de alebrijes que inspiraron Pacific Rim. La muerte, lo grotesco, lo monstruoso: sus referentes.
La exposición abre con la infancia, la debilidad por los cuentos de hadas, las influencias alegres y también las más obscuras de Disney. Cierra con la muerte, que de acuerdo con Caballero, es uno de los temores que abordó la infancia del tapatío, la posibilidad de perder a su abuela.
Sus miedos, sus inquietudes, las influencias, desde lo religioso hasta lo extravagante, albergan en esta exhibición que, el mismo del Toro ha asegurado, no volverá a repetirse. (Jonathan Hernández/Agencia Reforma)