La violencia escolar puede considerarse como un problema de seguridad pública, pues al aumentar, las conductas antisociales pueden llegar a ser delictivas, advierte la Policía Federal Preventiva a nivel nacional, destacando la corresponsabilidad social ante hechos de esta naturaleza.

Cuando niñas, niños y jóvenes se encuentran expuestos a la presencia de factores de riesgo para desarrollar conductas violentas, hay elementos de protección que disminuyen la probabilidad de desarrollar conductas antisociales.

Por el contrario, es posible que desde una edad temprana, los menores aprendan que la violencia es una forma eficaz para “resolver” conflictos interpersonales, especialmente si la padecen en su entorno inmediato, como puede ser en su propio domicilio, ya sea como víctimas o testigos de su práctica.

En campaña preventiva, la corporación federal indica, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la violencia escolar es cualquier tipo de violencia que se da en un contexto escolar y puede estar dirigida hacia alumnos, profesores o propiedades, y debe ser detectada.

Son conductas que deben ser entendidas como un fenómeno en los planteles, no tanto porque se genere en la propia escuela, sino por ésta es el escenario donde acontece y la comunidad educativa es la que padece las consecuencias.

Su práctica, tiene varias formas de manifestarse y las más recurrentes en ese contexto son la violencia física, la de tipo psicológico, la verbal y por supuesto la social-discriminatoria que se ejerce contra los perfiles que suelen ser más vulnerables.

Se trata de un fenómeno caracterizado por ser un comportamiento de naturaleza agresiva, repetitivo en un tiempo prolongado, que se produce entre iguales sin importar edad, sexo o grado y en el cual existe una condición de desventaja de la víctima frente a su agresor.

Son actos que tienen la intención de dañar, manifestados en intimidación que se puede ejercer en solitario o en grupo y va dirigida a personas, nunca a un grupo.

En ese contexto, la institución explica que algunos ejemplos de factores de protección son la supervisión de los padres, el desarrollo de habilidades sociales para el manejo de conflicto y la comunicación familiar.

También, una comunidad escolar segura que garantice buena relación con los docentes, el apoyo de los padres de familia y la aceptación empática entre compañeros de clases.

Su atención, denuncia y seguimiento es fundamental para el adecuado desarrollo de los menores, toda vez que el acoso limita las posibilidades de aprender, provoca en las víctimas sufrimientos, soledad, inseguridad y pérdida de autoestima.