La violencia contra las mujeres persiste, convirtiéndose en parte estructural de un sistema de relaciones asimétricas de poder, siendo las dos formas más extremas el feminicidio y el suicidio de mujeres, también por razones de género.

La diputada Josefina Moreno Pérez exhortó a sus homólogos a dictaminar la iniciativa de reforma al Código Penal del Estado, para que se adicione un párrafo séptimo al Artículo 97-A, así como los párrafos cuarto y quinto al Artículo 100, a fin de que se dé celeridad a la atención de las denuncias en este ámbito.

Comentó que el suicidio es provocado por diversos factores biológicos, psicológicos, sociales, ambientales y culturales. Entre ellos, destacan las enfermedades mentales, principalmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol, el abuso de sustancias, la violencia, las sensaciones de pérdida y diversos entornos culturales y sociales.

Conforme a la edad según el sexo del fallecido, destaca que son más las mujeres en edades jóvenes las que se suicidan que los hombres, ya que seis de cada 10 fallecidas por lesiones auto-infligidas (57.4%) son menores de 30 años, situación que presentaron 42% de los hombres.

En particular destaca la diferencia que existe entre hombres y mujeres que tenían de 15 a 19 años, pues del total de mujeres fallecidas, 21.8% estuvo dentro de este grupo de edad, en tanto que en los hombres, 11.4% presentó tal característica, según datos del INEGI.

Si bien no existen estadísticas respecto a la instigación o ayuda al suicidio por razones de género, es innegable que la concurrencia de dichas razones es factible en un ilícito como ese, principalmente por la asimetría del poder entre hombres y mujeres, que deriva del abuso (del tipo que sea) y que por lo regular daña psicológicamente a la mujer, abuso que al ser sistemático y prolongado, afecta progresivamente su autoestima, generándole depresión y síndromes de estrés postraumático, lo que la coloca en una situación altamente vulnerable que la encamina a privarse de la vida.