Por: Octavio Díaz García de León

La idea: El gobierno de Donald Trump ha implementado la política de separar de sus padres a los niños que los acompañan, cuando son detenidos por entrar ilegalmente a Estados Unidos. Mientras que en el vecino país ha causado tremendo malestar desde hace semanas, en México apenas inician las protestas.

No es de extrañar el discurso antimexicano de Trump quien no pierde oportunidad para insultar a nuestro país y a los mexicanos. Si bien se pueden hacer oídos sordos a esas necedades, en lo que respecta a la violación de los derechos humanos de los inmigrantes y especialmente de los niños, no debería pasarse por alto.

La política de Trump de aplicar la ley de inmigración de su país a rajatabla tiene unas pocas semanas y consiste en encarcelar y procesar a cualquier inmigrante que cruce ilegalmente hacia aquel país. Si antes se les deportaba más o menos rápido sin mayor trámite, hoy se les encarcela y se les juzga.(https://www.vox.com/2018/6/11/17443198/children-immigrant-families-separated-parents)

Esto hace que en automático los niños que los acompañan sean separados porque no los pueden llevar a las mismas cárceles que a sus padres. Sin embargo, a estos niños se les encierra en jaulas improvisadas, dentro de bodegas y otros edificios inadecuados, que al final de todas formas son cárceles para niños.

Sus condiciones son inhumanas y se les causa un daño psicológico que les dejará huella toda la vida al ser separados violentamente de sus padres. Las fotos, videos y audios que han circulado en distintos medios dan cuenta de las deplorables condiciones en que se les tiene encerrados, como a animales.

Lo que se temía con la llegada de Trump al poder, se está convirtiendo en realidad. En el fondo no es que a ese presidente le interese cumplir la ley, ya que ella no prevé la separación de las familias. Lo que pretende es atemorizar a los inmigrantes que viajan con sus hijos, usando métodos que recuerdan a la Alemania nazi. De hecho, a algunos de los inmigrantes encarcelados se les obliga a usar un brazalete amarillo que recuerda aquél que los nazis obligaban a usar a los judíos.(https://www.nytimes.com/2018/06/14/us/protest-marches-family-separation.html)

Esto no ha pasado desapercibido entre las buenas conciencias que existen entre la mayoría de la población americana y se han organizado protestas contra Trump y sus políticas antiinmigrantes en decenas de ciudades de la Unión Americana. También el Congreso de aquel país ha protestado.

Ha sido tal la reacción en Estados Unidos, en la comunidad internacional, entre organismos internacionales defensores de derechos humanos, en contra de estas medidas racistas, que Trump ha dado un paso atrás a medias, ordenando suspender la separación de los niños. Sin embargo, no devolverá a sus padres a los niños ya detenidos quienes continuarán encerrados en jaulas. También se dice que en la práctica no han cambiado mucho las cosas desde que emitió esta nueva orden.

Lo que sorprende es el silencio que se guardó en México hasta apenas hace unos pocos días cuando iniciaron algunas tibias reacciones, lo cual es lamentable porque se trata de los niños de nuestros connacionales y de nuestros hermanos centroamericanos que están sufriendo esta tragedia desgarradora a manos de las políticas de Trump.

¿Será que se prefiere no provocar el enojo de Trump con tal de avanzar en el TLCAN? Si privilegiar los intereses comerciales fuera la razón por la cual no se dijo nada en México hasta apenas ayer, sería muy lamentable. Los intereses mercantiles no pueden estar por encima de la defensa de los derechos humanos de nuestros compatriotas y de los ciudadanos centroamericanos que huyen de la violencia en sus países, y más si estas personas son menores de edad.

Tenemos muchas distracciones en nuestro país. Por una parte, unas elecciones presidenciales donde está en juego nuestro futuro. Por otro lado, el circo del mundial de futbol, que suele distraernos de lo importante.

Pero si México no es capaz de protestar a tiempo contra los abusos que sufren quienes ahora cruzan ilegalmente hacia Estados Unidos, eso nos podría hacer cómplices de Trump. Así ocurrió cuando el resto del mundo calló ante las atrocidades de los nazis. Cuando era evidente que millones de judíos estaban siendo despojados de sus propiedades, encerrados, golpeados y posteriormente exterminados, el resto del mundo no dijo nada. También en el silencio y la indiferencia hay complicidades.

Es tiempo que dejemos de ser cómplices de los abusos que Trump comete contra quienes cruzan ilegalmente su frontera desde nuestro territorio y ser firmes ante las agresiones de Trump contra México y los mexicanos.

Valdría la pena que los candidatos presidenciales se pronunciaran acerca de esta situación y qué piensan hacer al respecto, si resultan elegidos. Por otra parte, es positivo que ya se empiece a dar una reacción del gobierno de México, al enviar una protesta diplomática al gobierno de Estados Unidos y denunciar estas atrocidades ante organismos internacionales. Es lo menos que se puede hacer, por lo pronto.

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