El Heraldo de Aguascalientes

Verticalidad

Por J. Jesús López García

La inercia del crecimiento urbano en las secuelas de la Revolución Industrial se manifestó en inicio con cierta tendencia a la horizontalidad, ello exhibido de una manera más grande en la nación estadounidense debido en buena medida a su extensión territorial y a sus procesos de poblamiento. Las mismas modalidades de transporte fueron intensificando esa fase a medida que el ferrocarril, las naves trasatlánticas y los vehículos terrestres –empleando la mejoría en las carreteras– fueron desarrollando su potencial para mover lo mismo productos que gente.

La tendencia horizontal se interrumpió en el medio oeste norteamericano a fines del siglo XIX con el llamado “Gran Incendio” de Chicago en 1871, producido por su alta concentración de establecimientos de madera dedicados a la fabricación y distribución agropecuaria lo que en poco tiempo redujo la ciudad a cenizas; más el empuje migratorio de europeos que arribando a tierras americanas buscaban mejores oportunidades de vida que las provistas por sus propios países, favoreciendo el resurgimiento urbano del lugar, hasta llegar en pocos años a los 2 millones de habitantes.

Como era natural, la población requería nuevos edificios para vivir y trabajar, la demanda de suelo encareció su precio y ello originó el crecimiento vertical arquitectónico para poder obtener un beneficio, repetido en cada piso, de la venta o renta del espacio intervenido. Sullivan, Burnham y Root, Le Baron Jenney y muchos otros arquitectos en Chicago y Nueva York, obtuvieron de la industria acerera de Pittsburgh la disponibilidad del material de construcción –en principio destinado a astilleros y al levantamiento de puentes y vías férreas– para estructurar lo que ahora vemos como los primeros rascacielos modernos habitables –la torre Eiffel ya había sido construida con una altura desde su base hasta la cima de 300 metros–, favorecidos por la invención del ascensor por parte de Elisha Graves Otis.

Resultado de lo anterior es la creación idealizada del perfil de las metrópolis contemporáneas a partir de agujas arquitectónicas lanzadas al cielo y recortadas ante la línea del horizonte. Pero su pertinencia inmobiliaria produjo también una cultura urbana con base en la densidad concentrada de la población y su proclividad a acentuar el carácter comunitario. Puede observarse en las ciudades europeas la verticalidad, aunque sólo en cuatro o cinco pisos, ya existía siglos atrás, pero fue en el territorio estadounidense donde eclosionó en la imagen de las urbes que aún ahora prevalece en nuestra conciencia urbana.

Además del logro técnico que implica la erección de un edificio en altura, su fácil representación iconográfica le hace depositario de muchas apreciaciones sociales, siendo la lejanía del suelo equivalente a un mayor estatus –en Europa, los pisos más bajos eran ocupados por los estamentos sociales menos favorecidos–. Las batallas por lograr las edificaciones más altas fueron casi míticas en el Nueva York de hace cien años, pero lo anecdótico en torno al Empire State Building o al Chrysler Building, sólo es una parte de su potencial para propiciar además de valoración e iconografía en su comunidad, la ocasión de consolidar una ciudad sin menester de expandir su huella urbana a lo largo de interminables kilómetros horizontales.

Aguascalientes se ha irradiado, literalmente, a través de tres anillos de circunvalación, el crecimiento ha ido absorbiendo hectárea tras hectárea que precisa servicios públicos y un sistema vial que enlace una huella urbana distendida y en algunos puntos poco consolidada, manifestado ello en los vacíos provistos por tantos lotes baldíos. Se hace patente por tanto, la necesidad de volver a incentivar una mayor concentración de ciudadanos que habite en una menor superficie de terreno.

En nuestra ciudad, los edificios que superan los seis niveles de altura son exiguos y a últimas fechas han trascendido el uso comercial y de servicios para atender a la vivienda. Planteados los condominios verticales en partes suburbanas de Aguascalientes, es posible que influyan en implementaciones futuras en sitios más urbanizados.

Si las características del mercado inmobiliario sostengan o no esa modalidad de vivienda es importante para apuntalar los esfuerzos por densificar la ciudad a partir de su núcleo. Por parte de la arquitectura, se adivinan nuevas posibilidades de ejercicio profesional en sistemas arquitectónicos más complejos, lo que es positivo de inicio, aunque el riesgo de elevar una obra poco agraciada contra nuestra perspectiva a distancia está presente, lo mismo que una rentabilidad lenta que desincentive la inversión en este tipo de edificaciones. Por lo demás, siempre es positivo apostar a la buena fortuna y lanzar al cielo una moneda.