Luis Muñoz Fernández.

El modelo parásito consiste, según Padilla en “I) estabilizar los ingresos económicos de la empresa privada y favorecer que ésta actúe como parásito de lo público y II) que el sistema público sea lo suficientemente deficiente como para crear la necesidad de conciertos público-privados y de aseguramientos privados individuales y colectivos”. Piensen en los beneficios que extraen de lo público las empresas a las que se adjudica la construcción de hospitales, en cómo y a quién se hacen esas adjudicaciones. Cuántos servicios (sanitarios o no) se externalizan a empresas privadas, aprovechando las deficiencias de lo público y creando así un canal por el que los fondos llegan al sector privado.

La deriva de nuestra sanidad hacia una aceptación de la lógica neoliberal sí tiene en común con Estados Unidos el abandono de los más vulnerables. Ante el fallo de las políticas de protección del Estado, dice Padilla, “la sanidad actúa de desagüe para todo aquello que va fallando socialmente, medicalizándose no sólo el sufrimiento, sino también la desesperanza”.

Edurne Portela. Una de parásitos. El País, 4 de noviembre de 2019.

Javier Padilla (Madrid, 1983) es un médico de familia y comunidad con conocimientos en salud pública, gestión sanitaria y economía de la salud que acaba de publicar un libro titulado ¿A quién vamos a dejar morir? Sanidad pública, crisis y la importancia de lo político (Capitán Swing, 2019). Me parece que un libro así, como otros libros y artículos que se han publicado con frecuencia en los países europeos, merece ser conocido en nuestro medio, tan ayuno de un enfoque distinto y moderno de la salud pública y, sobre todo, tan errado en el poco aprecio que gobernantes, médicos y hasta ciudadanos le tienen a la sanidad pública.

Ya desde magnífico prólogo de la enfermera Marta Sibina Camps se aprecia la amplitud y altura de miras con los que se va a tratar este tema. Una visión de la salud y la sanidad pública que rebasa con mucho la que solemos tener en México y en Aguascalientes. La prologuista nos dice lo siguiente:

A lo largo de mis veinticinco años como enfermera he pasado por quirófanos, centros de atención primaria, laboratorios y servicios de urgencias. Esto me ha permitido ver en primera línea el impacto del sistema sanitario en la vida de miles de personas. Como usuaria también he visto cómo el sistema cuidaba de mí, de mi familia, amigos y vecinos. […] Pero más allá de los millones de interacciones que se dan cada día entre el sistema y sus usuarios, siempre he intuido que en ese proceso había algo más que consultas, operaciones, pruebas y diagnóstico y siempre he intuido que el movimiento de esa enorme maquinaria que es el sistema público de salud estaba sustentado en algo más profundo, algo que muchas veces nuestras dolencias, nuestro interés particular y nuestro día a día no nos dejan ver.  […]

Por suerte, como profesional y usuaria, he tenido la oportunidad de tener contacto con personas que se han parado a mirar el sistema con mirada amplia. La mirada amplia de los que se encerraban y ocupaban el centro de atención primaria de mi pueblo, la mirada amplia de sindicalistas que defendían sus derechos defendiendo los míos, la mirada amplia de profesionales sanitarios, de periodistas comprometidos y académicos. Unas miradas amplias que me han permitido ver el verdadero motor del milagro laico que supone la sanidad pública: la convicción personal, ideológica, política, democrática y ciudadana de que para vivir bien, para vivir felices y para vivir sanos no hay otra opción que entendernos como comunidad.

Esa mirada amplia a la que hace alusión Marta Sibina destaca en la primera página del primer capítulo del libro:

Los sistemas públicos de salud son un lugar donde confluyen diferentes conflictos políticos, económicos, sociales y morales. , Desde dónde construir la definición de salud hasta qué papel ha de desempeñar la individualidad frente a la colectividad a la hora de atribuir responsabilidades en el desarrollo de la enfermedad, qué papel ha de tener el Estado y lo público en el cuidado de la salud de la población, de qué manera se han de financiar los sistemas públicos de salud y qué repercusiones tiene la elección de un modelo determinado, qué ideología existe detrás de las diferentes maneras de abordar la salud y las políticas en este ámbito o por qué los sistemas públicos de salud siempre están en crisis…

Casa sociedad se ha ido dotando de una estructura de protección, prevención y cuidado de la salud que es el resultado de su contexto socioeconómico, su situación política y sus valores culturales.

Cuando, como médico del sector público, leo los párrafos precedentes me invade la sensación de que, salvo en algunos momentos verdaderamente luminosos, en Aguascalientes nos hemos enredado por décadas en pugnas infructuosas sobre cuál debe ser la estructura y el funcionamiento óptimo de nuestro Sistema Estatal de Salud. Desafortunadamente, como es frecuente en nuestro medio y salvo escasas excepciones, en esta lucha han acabado prevaleciendo los intereses individuales o de ciertos grupos políticos y/o gremiales sobre el bien superior que implica el correcto cuidado de la salud de la población.

Es evidente que nosotros necesitamos también ampliar la mirada de nuestro sistema de salud para incorporar los elementos sociales en los que está inserto. Una mirada que asume que la sanidad pública es sinónimo de atención médica es claramente insuficiente. Es una reducción forzada de algo mucho más complejo que, como dice Marta Sibina, va mucho más allá de lo que hacemos todos los días en nuestros hospitales públicos. Por eso análisis como el que Javier Padilla hace en su libro nos son tan necesarios.

Javier Padilla afirma que la mayor parte de las definiciones al uso consideran que la salud es un bien individual, incluso más allá de que tenga condicionantes que hundan sus raíces en los determinantes sociales de la salud y que impliquen a la colectividad en su cuidado. Dice que conjugan la salud en singular: “Sin embargo, se hace necesario un abordaje que piense la salud como un bien colectivo de cuyo cuidado también ha de responsabilizarse a dicha colectividad (a la que podemos llamar comunidad, sociedad…)”.

Nosotros también necesitamos concebir la salud como un bien colectivo y hacer todo lo posible para que llegue de manera plena, con sus mejores niveles científicos y humanos, a toda la población sin importar su nivel socioeconómico. Ese ha sido nuestro proyecto de vida y profesión desde que regresamos a Aguascalientes.

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