Luis Muñoz Fernández

El médico, periodista y escritor inglés James Le Fanu publicó por primera vez en 1999 “El ascenso y la caída de la medicina moderna”, uno de esos libros cuya lectura es imprescindible si uno desea obtener una visión crítica del desarrollo de la medicina en los últimos cincuenta años e ir más allá de la corriente predominante del pensamiento médico que es triunfalista y autocomplaciente. En 2012, Le Fanu publicó una segunda edición en la que añadió algunos capítulos tras los primeros frutos del Proyecto Genoma Humano.

En esta obra podemos leer lo siguiente: “Cualquier explicación de la medicina moderna tiene que hacerse en los términos de la más desconcertante paradoja cuádruple que, a primera vista, parece incompatible con su éxito prodigioso e indudable”.

La primera paradoja se llama “el médico desilusionado”: en las últimas décadas se ha observado un porcentaje creciente de médicos jóvenes que, al graduarse, abrigan dudas sobre su vocación y carecen de suficiente pasión para ejercerla a plenitud.

La segunda paradoja es la del “ciudadano saludable y preocupado”: como nunca antes, la consecución y el restablecimiento de la salud están al alcance de un número cada vez mayor de ciudadanos en los países desarrollados. Esta situación, de la que esperaríamos que estuviesen conscientes los seres humanos que la disfrutan, se acompaña de un verdadero fanatismo por estar saludable y, simultáneamente, de una gran obsesión sobre una serie de amenazas, en realidad ficticias, que penden sobre su salud.

La tercera paradoja se refiere al ascenso de la popularidad de las medicinas alternativas. Junto a la medicina occidental que tiene hoy un éxito sin precedentes, se observa una presencia cada vez mayor de las llamadas medicinas alternativas, muchas de ellas basadas en una serie de creencias y tradiciones sin ningún sustento científico.

La cuarta paradoja es el incremento imparable del costo de la atención médica. Nuevamente, es desconcertante que cuando la medicina tiene los mayores alcances terapéuticos de su historia, el costo de los estudios diagnósticos y de los tratamientos los ponga fuera del alcance de aquellos sectores de la población que más los necesitan.

¿Lograremos superar estos obstáculos? En estos momentos no podemos saberlo. Lo que es indudable es que los médicos no podemos quedarnos con los brazos cruzados. No basta con que ejerzamos bien nuestra profesión. Necesitamos hacer algo más para que los avances de la medicina estén al alcance de todos los mexicanos.

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