Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Si el desprevenido lector ha tenido la oportunidad de visitar Roma, la ciudad en la que todos los caminos convergen, la ciudad eterna, la ciudad en la que todos los romanos permanecen, dice el refrán (romano por supuesto) que nunca encontrarás a un romano viviendo fuera de Roma, habrá notado que en una gran cantidad de las obras arquitectónicas de la Roma de los Césares, destaca la sigla SPQR, que en roman paladino, castilla, o lengua nacional, como usted guste, significa el Senado con el Pueblo Romano lo que significa mas allá de su traducción literal el ideal de la República Representativa, la unión en la política y en la obra pública del pueblo y el gobierno, en donde el ejecutivo, los cónsules, se convertían en ejecutores de los senadoconsultos, órdenes materialmente ejecutivas aunque formalmente legislativas. Claro que si no en Roma, en las fotos, películas, documentales, revistas, etc. la sigla SPQR evoca la época dorada del estado que dio ejemplo en la administración, en la milicia, en el derecho, en la ingeniería y arquitectura, en las artes, y tantos otros campos en que sigue encarnando el ideal “clásico”, dícese, dice el diccionario de la R.A.E., del modelo digno de ser imitado.

Recordaba la sigla en días pasados en que por el sino impreso por mi papá, Teodoro Jesús,  “ay’ hijo, tu pagas porque te alquilen”, y por las palabras de estímulo de amigos cercanos, me inscribí  para participar en la selección de integrantes  del Comité Técnico del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura convocado por las Comisiones Unidas de Gobernación, Puntos Constitucionales y Derechos Humanos del Senado de la República, y fui requerido para comparecer ante ellas en la sede de Paseo de la Reforma y Madrid en la Colonia Tabacalera. He de decir que el Senado conserva su antigua sede, ahora relujada y funcionalizada (¿se dirá así?) en la calle Xicoténcatl en el centro histórico de la Ciudad de México, que por dentro y por fuera forman uno de los sitios más bellos de la capital. Un edificio de gran nobleza, de arquitectura sobria, con elementos virreinales, ahora con los patios cubiertos que crean un espacio y una atmósfera para disfrutar y predisponen para el aprovechamiento de las exposiciones, conciertos, paneles, mesas redondas, conferencias, presentación de libros, etc. Apenas saliendo del espacio privilegiado de la Casona de Xicoténcatl, un gran atrio frente al Museo Nacional de Historia, el MUNAL, con la obra emblemática (adjetivo de moda, pero en este caso creo que preciso) la escultura ecuestre de Carlos IV de Manuel Tolsá, el famosísimo “Caballito” que parece haber encontrado su ubicación definitiva. Enfrente el Palacio de Minería, a su lado el Palacio de Correos, la administración No. 1, al fondo el de Bellas Artes. En fin ¡una maravilla!.

El nuevo edificio del Senado que reivindica para la política el sitio en el que se encontraban lugares de entretenimiento emblemáticos (y dale con el emblemático), el Ratón, el de Olga Breeskin, el sótano del Plaza Insurgentes, es una construcción moderna, práctica, funcional, cómoda, a condición de que lleves tu GPS para orientarte. Es posible que el arquitecto haya tenido una intención hermeneútica: v.gr. En la política suele haber más de alguno desorientado. La sección llamada el hemiciclo que recibe su nombre por su forma y que pudiera ser, “no lo se de cierto” diría el poeta Sabines, una alusión esotérica, alberga las oficinas de las senadoras y los senadores, que por su distribución (la circunferencia interna obviamente mas pequeña que la externa), semejan “rebanadas de un pastel”. Hay una torre de servicios de apoyo, un gran patio central que da acceso al gran salón del pleno, otras salas y salones, una librería, una sección para servicios de aseo, un magnífico restorán con una muy buena carta de comestibles y bebestibles ad hoc, y la infaltable cafetería P3 con un estimable café en donde puede conseguirse también un razonable “tente en pié”.

Salvo el ingreso al edificio, que desde luego es infinitamente mas sencillo que el ingreso al Senado, entraña alguna molestia totalmente explicable: identificarse, exponer la razón o la persona a la que se visita, dejar la identificación que es canjeada por una tarjeta de visitante que ya adentro nadie porta, ya dentro, se tiene absoluta libertad para ingresar a las diferentes áreas. Algunos accesos, se entiende, requieren justificación, por ejemplo un espacio denominado con un nombre literario, casi poético, “Los pasos perdidos”  como la novela de Alejo Carpentier, no logré saber si intencionada o desintencionadamente, que es una especie de sala de estar de las senadoras o senadores y algunos invitados especiales.

Para un visitante neófito hay tres cosas que destacan: el orden y limpieza, el clima de atención y amabilidad, y el ambiente de trabajo, ¡sí! ¡sí! Así como se oye, de trabajo. Aunque tengo la certeza que a mas de alguno de los desocupados lectores, como al suscrito que habla, la alusión al trabajo provoque que se ponga chinita la piel, en el Senado se trabaja y ¡mucho!. En las oficinas de los representantes populares se revisan publicaciones, se atienden solicitudes, se organiza la agenda, se prepara correspondencia, se coordinan estudios, se preparan iniciativas, se revisan dictámenes, se consigue material de apoyo, y multitud de tareas semejantes que son, pudiéramos decir, aspectos logísticos, hay una serie de tareas que implican el ejercicio político en el sentido mas amplio y mas serio del término. El Senado es una caja de resonancia de la República en donde, si hubiéramos de encontrar una diferencia específica con la cámara de diputados, las y los representantes populares son mas experimentados, por recurrir a la expresión del admirado y recordado Profr. J. Refugio Esparza Reyes: tigres de muchas rayas, pescados de mucha agua, venados muy lampareados, famosos en veinte leguas a la redonda.

El trabajo en las comisiones y el trabajo en el pleno quizás no garantice leyes perfectas o acuerdos impecables, pero sí asegura un desempeño serio, un ejercicio republicano, una convivencia respetuosa, un esfuerzo político constante y orientado a una mejor convivencia y a lograr mejores condiciones, que nos acerquen a la vigencia plena de un estado de derecho.

¡A mi no me lo crean! Pero se puede obtener ingreso como visitante y les aseguro confiados lectores, que su percepción y su opinión del trabajo en el Senado de la República cambiará.                    

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