Por: Octavio Díaz García de León

La matanza de diecisiete estudiantes en la escuela preparatoria de Parkland en Florida, ocurrida el pasado 14 de febrero, revivió la discusión en Estados Unidos respecto a qué hacer con la abundancia de armas de fuego (pistolas, revólveres, rifles, ametralladoras, escopetas, etc.) y la facilidad que tienen para adquirirlas sus habitantes.

Los promotores de las armas en ese país, encabezadas por la Asociación Nacional del Rifle y apoyados por políticos como el presidente Trump, han hecho propuestas tan absurdas como pedir que los maestros en las escuelas estén armados para defenderse de los locos que los acechan.

El pasado sábado 24 de marzo centenas de miles de personas en más de 800 ciudades de todo el mundo, aunque la mayor parte en Estados Unidos, se unieron a protestar contra las políticas permisivas de posesión de armas y que ha costado la vida de tantas víctimas inocentes en el vecino país.(https://www.nytimes.com/interactive/2018/03/22/us/politics/march-for-lives-demonstrations.html)

Organizado por estudiantes de escuelas preparatorias en su mayoría, estos jóvenes han dicho a los políticos de su país, “ya basta” y están dispuestos a votarlos fuera de sus puestos en el Congreso de seguir apoyando las políticas absurdas de ventas de armas prácticamente sin restricciones.

Los americanos se han vuelto adictos a las armas, empujados por un enorme y poderoso aparato de cabilderos, políticos comprados, propaganda, mercadotecnia y otros medios de manipulación.  En uno de los países con el mejor sistema judicial y policíaco del mundo, a los americanos comunes los han hecho sentir inseguros y creen que necesitan tener armas en casa o incluso portarlas, para defenderse quién sabe de qué enemigo imaginario. A otros, simplemente les gustan sus armas y disfrutan el tenerlas y usarlas.

Detrás de toda esta afición armamentista se encuentran poderosos intereses comerciales de los fabricantes de armas. Tan solo en Estados Unidos los ingresos por ventas de todo tipo de armamento para las compañías de ese país ascendieron a 238 mil millones de dólares en 2016 generando utilidades del orden de 36 mil millones de dólares y generando empleo para medio millón de personas. (Industria de armamento)

En lo que se refiere a armas de fuego, durante 2015 se fabricaron en Estados Unidos 9.3 millones de armas de fuego, de las cuales se exportaron 343 mil y se importaron 3.9 millones; es decir tan solo en ese año los americanos compraron 12.9 millones de armas de fuego. De esta forma, el 42% de los hogares en Estados Unidos tienen al menos un arma de fuego. (Comercio de armas de fuego)

Desafortunadamente los jóvenes estudiantes de primaria, secundaria y universidad de aquel país van a sufrir más atentados antes de que logren vencer los intereses tan arraigados en favor de ese negocio.

Como lo plantea Steven Pinker en su libro Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza la violencia ha disminuido en el mundo. Después de la segunda Guerra Mundial ya no hubo guerras entre grandes potencias y después de la Guerra Fría, las guerras han sido pequeñas y a nivel regional.

Sin embargo, no se ha desmantelado y transformado todo el aparato productor de armas en el mundo y los intereses alrededor del complejo industrial de la guerra, siempre buscan oportunidades para usarlas.

Aunque suene obvio, no hay que olvidar que las armas para lo único que sirven es para matar personas y destruir propiedades. Es una de las peores industrias que tiene la humanidad por inmoral, dado que su producto busca acabar con vidas, herir a las personas o destruir propiedades.

El pequeño beneficio que genera es para los dueños de las fábricas, sus trabajadores (que no tienen la culpa), quienes comercian con las armas y aquellos que las usan para mantener sometidos a sus pueblos, cometer fechorías o para crear conflictos con países vecinos.

Si en México no hubiera la disponibilidad de armas de fuego que hay, no se tendrían los altos índices de violencia que estamos padeciendo. Desafortunadamente para nuestro país, el tener un vecino que produce cerca de 9 millones de armas de fuego al año e importa otros 4 millones, hace que muchas de ellas encuentren su destino ilegal en México.

La única forma de acabar con la violencia derivada de las armas es prohibir su producción en todo el mundo.  Esto no se llevaría a cabo de inmediato sino de forma gradual, transformando la industria de armamento en una industria para la paz. Pero es tiempo de empezar ya a erradicar esa industria que solo le causa daño a la humanidad y en México, realizar mayores esfuerzos para evitar su posesión ilegal.

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