No se necesita nadar como anguila para sentir una descarga eléctrica en todo el cuerpo.
Caer desde 45 metros de altura a 96 kilómetros por hora en la nueva montaña rusa de SeaWorld San Diego, “Electric Eel”, es, probablemente, lo más cercano a experimentar el movimiento del pez amazónico. En 45 segundos se consigue que el nerviosismo se transforme en euforia.
Al salir de esta recién inaugurada atracción, el visitante se encuentra con un hábitat que resguarda a dos anguilas. Esto, reafirma la misión del parque: Acercar el mundo marino al público.
“El impacto es distinto cuando los niños ven a estos animales cara a cara. Aunque los pueden ver en libros o en la televisión, en vivo se sensibilizan y aprenden más de ellos”, considera Samantha Galer, psicóloga y entrenadora de orcas.
Y lo dice por experiencia propia. Galer, cuando visitó el parque a los 5 años, descubrió a los animales a los que se dedicaría a estudiar los próximos años de su vida.
“Desde esa edad hasta ahora, 28 años, mi pasión es trabajar con las orcas y es mejor de lo que pude haber imaginado”, cuenta. “Conectarse con un animal y convivir a diario con él, es algo maravilloso e inexplicable”.
Ante las posturas en contra del parque, la psicóloga destaca los cambios que se han hecho, por ejemplo, en los shows.
“Ahora son más educacionales. Hace un año pusimos la presentación de una orca, en la que explicamos sus características físicas, así como qué come y dónde vive, hablamos de distintos tipos de orcas, cómo se comunican, cómo interactúan”, señala la especialista.
Galer destaca, además, las actividades de investigación y de rescate de especies. El parque cuenta con diez orcas, cinco hembras y cinco machos, que de ser liberados podrían morir.
“Si la gente que nos ataca viniera, tendría la oportunidad de explicarles lo que hacemos y ellos podrían verlo de primera mano y decidir”, comenta.
Parte de los fondos que recauda el parque son destinados a su centro de rehabilitación de animales en vida salvaje, de acuerdo con Marilyn Hannes, directora de SeaWorld San Diego.
De encontrar a un animal marino enfermo o herido, la gente puede llamar a la línea de rescate de Sea World.
En promedio, 200 ejemplares al año son atendidos y cuando están en condiciones, los regresan a su hábitat natural.
En 2017, el equipo de rescate cuidó a 778 aves, 154 leones marinos, 30 elefantes marinos, nueve focas, seis lobos finos de Guadalupe, tres tortugas marinas, dos delfines y un cachalote pigmeo.
Incluso, aún recuerdan el enero de 2010, en el que se rehabilitaron a 300 tortugas con hipotermia, una cifra sin precedentes.
Para observarlas, colocaron transmisores satelitales en los ejemplares y hasta este año han enviado señales de avanzar hacia el sur, como debe ser, y no en dirección al norte del Pacífico, en donde fueron encontradas.

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De recuerdo

La cola de sirena o las patas de un pingüino son las mejores opciones para calentar las piernas en los meses fríos.
Costo: 30 dólares

Para recostarse o para abrazar, una tortuga o un pingüino de peluche pueden convertirse en una pequeña almohada en un abrir y cerrar de cremallera.
Costo: 28 dólares

Los muñecos no sólo son decorativos, también pueden servir de mochilas.
Costo: 22 dólares

En peluches, Shamú sigue siendo el rey, aunque el pingüino emperador está ganando terreno.
Costo: 15 dólares

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Por la bahía de San Diego
Las tardes se gozan más con una caminata por Harbor Drive, a 10 minutos del centro de la ciudad.
> Para los enamorados o para quienes quieren estarlo, hay que retratarse con la famosa estatua del beso “Unconditional Surrender Statue”, de casi 8 metros de altura, inspirada en la fotografía de Alfred Eisenstaedt, que representa la celebración de la victoria por la Segunda Guerra Mundial.
> A un costado se ubica el USS Midway Museum, un portaaviones con 60 exhibiciones de aeronaves restauradas y simuladores de vuelo.
> A 10 minutos caminando hacia el Parque Ruocco está el Tuna Harbor Dockside Market, que ofrece una oferta gastronómica de distintas partes del mundo, como griega, italiana, francesa e hindú.
> Y para comprar todo tipo de souvenirs, desde llaveros hasta calcetines, está Seaport Village.

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