Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

Tengo entre los elementos valiosos de mi currículum inútil, el haber asistido a algunos eventos de conmemoración del 75° aniversario de la Convención de Aguascalientes, hace 25 años. Por ejemplo, y quizá porque entonces ser profesor universitario significaba algo, concurrí al acto central, el 10 de octubre de 1989, que presidió el señor presidente de la República, licenciado Carlos Salinas de Gortari, quien estuvo acompañado en el foro del teatro Morelos por el gobernador Miguel Ángel Barberena Vega, el vocero presidencial Otto Granados Roldán, el presidente del Congreso del Estado, Armando López Campa, y el académico Gastón García Cantú. Por cierto que tan republicana ceremonia fue interpretada como la manera en que Salinas nos informó quien sería su bienamado para Aguascalientes en la siguiente sucesión gubernamental, exactamente como ocurrió.

Por cierto que me acuerdo también de Carlos Enrique Ortega de León… Hacía 10 días, el domingo uno de octubre, se realizaron las elecciones intermedias del periodo del gobernador Barberena, en las que el hijo del gobernador priísta, Luis Ortega Douglas (1956-62) fungió como candidato del PAN a la presidencia municipal de Aguascalientes –perdió frente a Armando Romero Rosales–. De hecho, fuera del teatro Morelos había un contingente de militantes blanquiazules a la espera del presidente Salinas para protestar por lo que consideraron fue una elección fraudulenta, y como este lapso presidencial se presentó ante la ciudadanía como el sexenio de la modernización de México, y levantar la voz se consideraba como un gesto moderno, pues ahí estaban los panistas, listos para darle vida al juego democrático, en un acto que de seguro no le hizo mucha gracia al ingeniero Barberena.

Un hecho más andaba en la memoria de estos hijos de la revolución; los legítimos y los naturales: al día siguiente de la elección intermedia de Aguascalientes, el dos de octubre no se olvida, murió en un conveniente accidente carretero el ex candidato presidencial panista de 1988, Manuel Clouthier del Rincón.

El hecho es que antes de la ceremonia, cuando el patio de butacas del coliseo de la calle República rebosaba de esperadores del C. Presidente de la República, Carlos Ortega de León entró y recorrió el pasillo central… Fue hasta el borde del escenario, regresó por donde había venido y desapareció. Luego surgió en un palco del primer piso, o quizá fuera el segundo, del lado oriente…

No me acuerdo si al llegar al límite del foro habló con alguien, pero sí recuerdo perfectamente; como si lo estuviera viendo, que todo el mundo en el patio de butacas se hizo el “no te conozco”, pese a que un medio mundo lo conocía y el otro había oído hablar de él, porque era de familia de aquí; de toda la vida, y además estaba muy reciente la campaña electoral. Pero todos se hicieron como que la Virgen les hablaba, supongo que por aquello de “no se vaya a enterar el ingeniero”.

Finalmente, de este evento recuerdo también que en el Teatro Morelos no había campesinos. Desde luego no aquellos que hicieron la revolución; que murieron en los campos de batalla, quizá sin saber a ciencia cierta el porqué. No ellos, sino sus descendientes; sus herederos, aunque esto no debiera llamarme la atención, puesto que así ocurrió en octubre de 1914, en que también brillaron por su ausencia, exactamente como sucedió en el centenario.

Vi la obra de teatro la Convención, dirigida por Martha Luna. Aunque este trabajo era del todo predecible, por razones obvias, tengo la sensación de que aquel fue uno de los momentos gratos de aquellas remembranzas. Me acuerdo de Arturo Pedroza Azpéitia, de Rafael Juárez y de su hijo, etc., y de la, para mí, utilización novedosa de los espacios, por ejemplo los periodistas enviados al evento, increpando a los delegados desde los pequeños balcones del segundo piso, entre nosotros, los mirones de palo que asistimos al espectáculo de la conversión de los generales en personajes teatrales.

También estuve presente en algunas conferencias, en el Museo de la ciudad. Recuerdo con particular afecto la de Luis González y González, uno de los grandes patriarcas de los historiadores, la de Arnaldo Córdova –para el obligado autógrafo llevé mi ejemplar de La ideología de la Revolución Mexicana, texto fundamental para mi formación profesional como politólogo–, Federico Reyes (González), etc. Por cierto que esa noche de la exposición de Córdova, 13 de noviembre de 1989, conocí a mi amigo Gustavo Arturo de Alba, editor de la prestigiada revista Crisol, con quien comencé a colaborar en 1990, y hasta la fecha…

Ese año se organizó un concurso de ensayo en el que participé, y que ganó Néstor Duch Gary –yucateco de origen alemán, dijeron años después… ¿o era alemán de origen yucateco? ¿Cómo era?–. El premio fue una pequeña fortuna: tres mil pesotes. Duch Gary, a la sazón director de Geografía del INEGI, ganó con un trabajo titulado: “La soberana Convención Revolucionaria: una interpretación en términos de la lógica de la comunidad humana”, que recientemente recibió una segunda edición.

Hubo otras actividades de las que no tengo memoria, quizá porque no asistí; no recuerdo; conferencias de los gobernadores de las entidades aledañas a Aguascalientes, que alguna relación hubieran tenido, las entidades, con la Convención. Estuvo, por ejemplo, Leopoldino Ortiz Santos, que pontificó sobre “El plan de San Luis como antecedente de la Convención de Aguascalientes”Me habría encantado estar en esta, en verdad, nomás para ser testigo de semejante acto de prestidigitación intelectual. Con ese título se me figura que podría intentar algo así como: “La influencia de la Revolución Francesa en la Convención de Aguascalientes”; o “La creación de Adán como causa última de la Convención de Aguascalientes”; algo así.

En fin, que recuerdo estas cosas un poco por contraste con los eventos de este año, en algunos de los cuales no solo tuve el privilegio de asistir, sino más que eso, de participar, de tal manera que bien podría convertirme en un Repórter del Centenario de la Convención… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).

¡Participa con tu opinión!