Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

Con esta entrega, y la de la próxima semana, concluyo El día a día de la Convención de Aguascalientes, que apareció en las páginas de este diario durante 49 días de octubre y noviembre del año anterior, gracias a la venia dispensada a este proyecto por parte del director gerente de EL HERALDO DE AGUASCALIENTES, licenciado J. Asunción Gutiérrez Padilla, y la colaboración de Mónica Edith Quiroz Morales, titular de la sección de sociales del diario, siempre atenta a la recepción de estas líneas, que aparecieron al lado de bodas, bautizos, despedidas de soltera y fiestas infantiles.

Todavía después de finalizar la serie continué refiriéndome al tema en mi espacio habitual de los lunes con declaraciones, aclaraciones y proclamas, aunque ciertamente interrumpí el ciclo para enviarle una pequeña colección de postales navideñas, pero ahora comienzo a bajar el telón; al menos por ahora, porque el tema da para más, en verdad.

Podría, por ejemplo, contarles de las diversas celebraciones que han tenido lugar a lo largo de los años, algunas de las cuales han dejado una huella que con el paso del tiempo se ha tornado difusa y lejana; recordar con usted la proclamación del Teatro Morelos como monumento nacional en marzo de 1993, en una ceremonia a la que tuve el privilegio de asistir…

Ahora, bien podría desempeñarme como un repórter del centenario de la Convención y contar un sinfín de cosas de las que fui testigo en los meses pasados, dado que en la medida de mis posibilidades asistí a cuanta actividad se me atravesó, políticas –unas como invitado y otras de colado-, académicas y artísticas.

De haber estado en condiciones habría ido a todas, pero ni modo que pidiera un permiso sin goce de sueldo en mi trabajo. Por otra parte, en algunos casos no sólo asistí, sino que fui partícipe, como por ejemplo, la sesión solemne que el Congreso del Estado dedicó a este acontecimiento; la completísima serie documental De las armas a las normas, que Arturo Esquivel de Santos y compañía produjeron para Aguascalientes TV, y que tuvo trascendencia nacional a través de Canal 11; el programa que emitió Radio UAA, Palabras contra metralla, que condujo con toda certeza Mario de Ávila Amador; las Jornadas Académicas del ICA, etc.

También hubo casos en que participé de manera accidental… Tal como ocurrió cuando acompañé a mi general Francisco Villa en su entrada y salida del Teatro Morelos, en la obra de teatro La Soberana de Aguascalientes, del dramaturgo Antonio Zúñiga, que contó con la dirección de José Concepción Macías Candelas, en una producción del Instituto Municipal Aguascalentense de Cultura; sin duda ésta fue la actividad más gratificante y gozosa de las que se presentaron.

El programa desarrollado a lo largo del año, que se intensificó durante los meses de septiembre a noviembre, fue confeccionado por diversas instituciones del Ejecutivo estatal, el Ayuntamiento de Aguascalientes, la UAA, etc., y tuvo de todo: de la drástica modificación del paisaje urbano en las inmediaciones del Teatro Morelos y, por tanto, de la Plaza de Armas, a las obligadas presentaciones editoriales, además, en el medio estuvieron la proyección de películas de época, el tranvía turístico, las obras de teatro, las reuniones políticas con sus obligados discursos revolucionarios, la publicación de libros y dos comics, las discusiones académicas, las exposiciones –la del Museo Regional de Historia aún permanece abierta-, el Ferial de Aguascalientes durante la Feria de San Marcos, la pinta de murales callejeros en la Avenida Gómez Morín, buenas pinturas; la emisión de monedas conmemorativas, y hasta hubo en la UAA una sesión de personal de wikipedia.org, La enciclopedia libre, con profesores y estudiantes de la carrera de historia, para enriquecer el acervo de esta enciclopedia virtual sobre el tema

En el lado contrario, según mi inútil opinión, creo que el esfuerzo realizado por los organizadores de las diversas actividades, su magnitud, no siempre fue correspondido de manera análoga con la participación del público. Me queda claro que hubo actividades que se programaron, digamos, para realizarse en horas hábiles, ese lapso del día en que mucha gente está trabajando, aunque también hay que considerar la posibilidad de que la difusión resultara insuficiente. Pero me consta, porque estuve ahí, que hubo actividades de mucha calidad, en las que un alto porcentaje del público asistente era acarreado, y en el colmo de la situación, hubo un caso en que los acarreados eran maestros, que se pasaron la sesión a plática y plática.

Pero eso sí: el día que vino el presidente de la República, 10 de octubre, el lleno en el Teatro Morelos fue total –ese fue el acto al que me colé-, y claro, los poderosos del pueblo fueron a ver si su padrino los veía, aunque la mentada convención les importara lo mismo que si un cometa se estrellara contra el Sol; o sea que fueron a pasar lista de presentes. Lo mismo ocurrió con la presentación del libro del presidente del CEN del PRI, el doctor César Camacho Quiroz, el 21 de noviembre, que también contó con una asistencia masiva –a ese sí me invitaron-. Quizá si de la oficina del señor gobernador hubieran soltado el borrego de que el Ejecutivo estatal asistiría a los actos académicos; a las conferencias, otra cosa hubiera ocurrido.

Aunque en honor a la verdad, actividades que tuvieron una buena respuesta del público fueron la citada obra de teatro del IMAC, las proyecciones cinematográficas, la conferencia que dictó en la UAA el presidente del Consejo General del INE, Lorenzo Córdova Vianello, organizada por el Departamento de Ciencias Políticas y Administración Pública de la universidad, etc. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a: carlos.migrante@gmail.com).

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