Luis Muñoz Fernández.

Para el público, el sexo significa hombres y mujeres desnudos apareándose. Para los médicos, el sexo es la causa del sida. Para el moralista, constreñido por rígidas dicotomías, el sexo se reduce a dos alternativas: masculino o femenino. ¿Por qué el sexo se entiende tan mal? ¿Será porque nadie conoce su historia?

¿Por qué los científicos ignoran la aritmética básica de la vida? En biología 1+1 no es igual a 2. Más bien, 1+1=1, como un espermatozoide más un óvulo es igual a un huevo fertilizado. ¿Será por eso que nuestros esfuerzos por predecir la conducta sexual con sofisticados modelos computacionales suelen fracasar?

El sexo inicia la rebeldía de la adolescencia, la ira celosa, la fantasía romántica, los juegos temerarios y los bebés recién nacidos. ¿Por qué el sexo es esa fuerza tan poderosa y misteriosa de nuestras vidas?

 

Lynn Margulis y Dorion Sagan. What is sex?, 1997.

 

Tras haber presentado el libro Bioética laica. Vida, muerte, género, reproducción y familia, que forma parte de la Colección de Bioética y de la Serie de Doctrina Jurídica que edita el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México y que está auspiciado por la Cátedra Extraordinaria “Benito Juárez” sobre laicidad de la misma universidad, puedo decir que la experiencia en el XIX Congreso Internacional de Filosofía: Mundo – Pensamiento – Acción fue muy agradable y que reforzó mi convicción de que, en la medida de nuestras posibilidades, debemos acercar entre sí a las ciencias y las humanidades.

La ciencia, sin filosofía, es una actividad poderosa, sí, pero no toma en cuenta todo aquello que pudiese estar presente más allá de los hechos demostrables por el método científico. Y la filosofía, sin ciencia, ignora a veces que la biología es también parte fundamental de nuestra esencia y que determina muchas cosas que, al ignorar la propia corporeidad, parecen emanaciones espirituales puras. Si al científico le hace mucho bien equilibrar su deseo de conocer con la conciencia de todas las implicaciones (técnicas y éticas) que tiene su búsqueda, al filósofo, el estar familiarizado con la biología le pone los pies en la tierra.

Deseo en esta ocasión hacer un extracto de uno de los temas de la segunda parte del libro, dedicada a “Sexo e identidad de género”, asunto muy controvertido y actual sobre el que se vierten numerosas opiniones, algunas francamente dogmáticas y carentes del más mínimo fundamento científico, con incaptable abuso de los argumentos de autoridad que, como suele ocurrir, son, en el mejor de los casos, muy cuestionables a la luz de lo que hoy ha avanzado el conocimiento científico.

¿Existen solamente dos sexos? ¿La llamada “ideología de género” es un artificio creado por un cenáculo internacional perverso con el propósito de debilitar a la “familia tradicional” y lograr así un dominio global? ¿Es uno de estos grupos el denominado “lobby gay”?

No es fácil responder a las últimas dos preguntas. La respuesta requiere poderes de investigación que están más allá del alcance de quien esto escribe. Sin embargo, la primera pregunta puede responderse con razonable certeza a la luz de los conocimientos que hoy nos proporciona la ciencia. Así lo afirma en el capítulo del libro titulado “¿Qué sería del mundo sin sexo? Reflexiones sobre el sexo y el desarrollo del género” Simona Giordano, doctora en filosofía por la Universidad de La Sapienza en Roma, Italia, y profesora de bioética de la Facultad de Derecho de la Universidad de Manchester, Inglaterra:

La ciencia nos dice en cambio que no sólo hay dos sexos en los seres humanos, sino que hay muchas gradaciones, muchos sexos en el espectro de hombre a mujer. Como era de esperar, hay muchos géneros también. Algunas personas se sienten como un hombre o como una mujer (lo que significa para ellos); algunos se sienten un poco de ambos; muchos no sienten nada; algunos se sienten como un hombre en algunas circunstancias y una mujer en otras. También parece muy difícil, sino imposible, determinar quién es quién. ¿Con base en qué debemos decidir que un ser humano es un macho, una hembra, o alguna otra cosa a lo largo del espectro? […]

Por lo general, “sexo” y “genero” se diferencian de la siguiente manera: el sexo se considera normalmente como el conjunto de hechos biológicos (cromosomas, hormonas, genitales, gónadas), y el género, como la interpretación social de restos hechos (lo que significa tener ciertos atributos físicos en una sociedad dada en un cierto punto en el tiempo).

Respecto al desarrollo de la identidad de género de cada niño, Giordano señala que existen diversas teorías que lo explican, desde aquellas que enfatizan en papel de los factores sociales, como el trato que le brindan al niño los padres y las personas cercanas, a las que se inclinan por dar un mayor peso a los factores biológicos. Los diversos estudios han demostrado que el desarrollo de la identidad de género depende de la interacción muy compleja de ambos tipos de factores, tanto sociales como biológicos, lo que ilustra que la visión tradicional de la existencia de sólo dos sexos y la inexistencia de los géneros es claramente obsoleta. Y lo es también la reducción de la diferenciación sexual a sólo dos genes ubicados en los cromosomas sexuales. Hoy sabemos que la diferenciación sexual depende también de varios genes más ubicados en diferentes cromosomas.

En relación a la influencia de la exposición a las hormonas sexuales antes de nacer, Giordano señala:

Que algunas diferencias de sexo no se construyen socialmente, no necesariamente dependen del comportamiento de los padres u otras personas importantes, y comienzan antes del nacimiento.

Que la identidad de género, probablemente (y no sólo las diferencias de sexo) se relaciona en cierta medida a algunos datos biológicos (como la exposición a andrógenos), algunas de las cuales pueden ocurrir antes del nacimiento.

De igual manera, son muy importantes para el desarrollo de la identidad de género los factores sociales y culturales que se presentan una vez que el niño ha nacido, como lo proponen y lo han demostrado mediante diversos estudios las teorías de aprendizaje social y del desarrollo cognitivo:

Puesto en palabras sencillas, bajo esta perspectiva, los niños no nacen como niños y niñas: se puede nacer con genitales masculinos o femeninos, o con cromosomas masculinos o femeninos, pero “se convierten en niños y niñas”, dependiendo de la forma en que son tratados y “a causa” del modo que fueron tratados. Desde esta perspectiva, el género no es simplemente, ni siquiera estrictamente, un hecho biológico: el género es una construcción social, y los actores principales en esta construcción son los padres y/o las personas cercanas a los niños en los primeros meses y años.

De igual modo, queda demostrado que la división rígida (estereotipada) del sexo y el género es fuente de injusticias y sufrimientos, tal como lo ha señalado el Consejo de Europa:

Los estereotipos de género representan un serio obstáculo para la meta de la igualdad real del género y se alimenta en la discriminación de género. Los estereotipos de género son ideas preconcebidas a través de las cuales a hombres y mujeres se les asignan arbitrariamente características y funciones determinadas y limitadas por su sexo. El estereotipo del sexo puede limitar el desarrollo de los talentos y habilidades naturales de los niños y niñas, mujeresy hombres, sus experiencias educativas y profesionales, así como las oportunidades de vida en general.

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