Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Había una vez un país en que no pasaba nada, y cuando pasaba… no pasaba nada.

(¡Qué pena!.- Se inauguró el bachillerato militarizado, ¡lo que nos faltaba!, ¡qué no es bastante con un año de servicio militar! Bachillerato artístico, bachillerato futbolístico, bachillerato tecnológico, bachillerato militarizado… y nuestros bachilleres no saben ni leer ni escribir, y ahora, le vamos a seguir preparando material humano a la delincuencia organizada. ¿Alguien sabe el número de deserciones que experimenta el ejército?)

El hombre, calavera incorregible, por enésima vez baja todos los santos del cielo, promete, jura, ruega, suplica, ofrece… la mujer, esperanzada incorregible, le escucha y más por lo que ella es que por lo que él le dice, hace como que le cree y termina creyéndole. -Vieja, te lo juro, soy un hombre nuevo, se acabaron las parrandas, se acabó el maltrato, se terminó la irresponsabilidad. Te lo digo, soy un hombre nuevo. Prepárate, arréglate, después de la chamba paso por ti, vamos al cine, nos vamos a cenar y a bailar. Ya verás cómo te va a tratar este hombre nuevo-. Pasó la tarde, anocheció, vestida y alborotada pasó de la preocupación, a la amargura, a la indignación, a la ira… En la madrugada aparece borrachín y oliendo a jabón chiquito el gaznápiro del marido. Entre la sarta de adjetivos descalificativos que la dolida cónyuge asesta al gañán, le reclama “dijiste que eras un hombre nuevo”. -El problema, vieja, es que este hombre nuevo se parece tanto al viejo-.

El problema es que este país de la 4T se parece tanto al de antes de la 4T.

Entró al patio, o más bien salió de las habitaciones, como Pedro por su casa y si, es que sí es su casa. Como parte de la autoridad republicana el presidente Andrés Manuel López Obrador, se cambió a Palacio Nacional, para no tener que hacer dos gastos y sobre todo, para no tener que gastar en la comitiva de vehículos blindados, que, ahora sí, lo transporta a donde quiera. Seguramente también por eso no usa tan a menudo la banda presidencial, porque, ¿saben? hay que lavarla con gasolina blanca y eso cuesta. La austeridad, sin embargo, no alcanzó a los informes, porque apenas y sin darnos cuenta, ya vamos en el tercero, y si a ese paso continúa, alcanzaremos unos treinta y seis en el sexenio. Este “tercer” informe que en realidad fue como la bicentésima primera edición de la “mañanera” me recordó el cuento que difamatoriamente atribuían al presidente Luis Echeverría Álvarez. Se decía que el ayudante del estado mayor olvidó separar el original de las copias que por previsión se hacían por triplicado y que antes de que pudieran hacer algo, el presidente ya había leído tres veces el discurso.

Del monje rojo Vivaldi, las malas lenguas decían que no sabían a ciencia cierta, si había compuesto seiscientos conciertos iguales, o seiscientas veces el mismo concierto. Algo parecido podríamos decir del presidente López Obrador. No se sabe si ha hecho doscientas una “mañaneras” iguales o doscientas un veces la misma mañanera.

Como el contenido es el mismo, quizás valdría la pena recordar a Marshall MacLuhan, el medio es el mensaje, y su versión política, atribuida al licenciado Jesús Reyes Heroles: “En política, a menudo las formas son fondo”, y fijarnos en las formas.

De las decisiones políticas fundamentales que nuestra Constitución consagra, una de las más relevantes es la existencia de tres poderes de igual jerarquía y su separación para efectos de autonomía y respeto. Es cierto que el constituyente permanente ha adicionado la existencia de los llamados organismos constitucionales autónomos, que la teoría jurídica moderna justifica por tener a su cargo funciones específicas, que, para su cumplimiento estricto en beneficio del país, requieren de autonomía para su ejercicio. Tales son, por ejemplo, el Banco de México, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el Consejo Nacional de Transparencia, etc., pero también es cierto que todos ellos no revisten la importancia de la función legislativa, judicial y ejecutiva.

La Constitución establece que el Ejecutivo deberá rendir al Legislativo un informe del estado de la Unión, al principio de su periodo de sesiones. No al pueblo, no a sus amigos fifís o no. No a sus convidados especiales, no, ¡Al Congreso de la Unión! El importante no es el que informa, la importancia es de a quién se le informa y para qué. El Congreso con base en el informe aprobará presupuestos, leyes de ingresos, eventuales modificaciones constitucionales, adecuaciones legales o reglamentarias, etc. El informe es parte de lo que un administrador debe hacer: informar y rendir cuentas al órgano soberano. Sólo que ahora, el soberano, el órgano soberano, pasó, como en los peores tiempos del presidencialismo, a un plano secundario.

Que si el estado laico, allí estaba el presidente invocando a Dios. Que si la separación de la política del poder económico, allí estaban en primera fila cuatro o cinco de los integrantes de la otra mafia del poder y ahora consejeros de la nueva mafia del poder. Que si el respeto a los poderes, allí estaba el presidente de la Corte, aplaudiendo todo sin recato, aunque muchas de las reafirmaciones presidenciales ya se encuentran sub judice en el poder judicial y muchas otras pronto lo estarán. Que si la muerte del neoliberalismo, allí estaban los banqueros que siguen disfrutando de las comisiones, diferenciales, funciones, etc., que los han convertido en el instrumento por excelencia de la economía liberal. Que si el respeto a los Derechos Humanos, allí no estaban los organismos defensores de la sociedad civil, no estaban las víctimas de la represión, migrantes, campesinos, burócratas despedidos… Que si el combate a la delincuencia, allí estaban los números para desgracia y oprobio, y allí estaba el caradura de Alfonso Durazo haciendo lo imposible por sobrevivir políticamente unos meses para llegar al gobierno de su estado. Que si la economía… ¡Es la economía, estúpido! fue la frase caballito de batalla de la campaña de Bill Clinton.

(El traje nuevo del emperador. –¿La tela más extraordinaria del mundo? ¿Y qué tiene esa tela de especial?- Es especial porque se vuelve invisible a ojos de los necios (conservadores y fifís)… Cuando estuvo vestido el Emperador salió a la calle y comenzó el desfile y todo el mundo lo contemplaba aclamando la grandiosidad de su traje. Hasta que en medio de los elogios se oyó a un niño que dijo: -¡Pero si está desnudo!-)

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