Josemaría León Lara Díaz Torre

Son muchos factores los cuales conforman la identidad del pueblo mexicano; como lo son su cultura, sus tradiciones, su mestizaje, sus costumbres, su gastronomía y su música. Y aunque en la actualidad se siga demostrando lo que la Historia nos cuenta, y a pesar de todo lo que nos une, seguimos siendo una nación donde el paradigma de la división, reina por encima de lo que compartimos y resalta de manera negativa nuestras diferencias.
Cierto es que el panorama en ocasiones suele ser adverso a lo que pudiéramos desear, México es mucho más grande de lo que quisiéramos reconocer y creer. Basta con tomar como ejemplo, ese algo, que, sin importar distinciones, sirve como bálsamo para dejar entrever a un pueblo que, en el fondo, es y siempre será orgullosamente mexicano; ese punto de partida, es nuestro Himno Nacional.
Nunó y González Bocanegra, obsequiaron a México su Himno Nacional, en plena era santanista; y a pesar de ello (aunque haya sufrido de algunos “retoques” con el paso del tiempo) sigue vigente, además de seguir representando un símbolo poderosísimo de la unidad del pueblo mexicano. Tal y como quedó demostrado en septiembre del año pasado, cuando rescatistas, paramédicos y voluntarios buscaban sobrevivientes entre los escombros de los edificios que se vinieron abajo, tras el sismo del día diecinueve.
Nuestro Himno permanece vivo en la conciencia colectiva del pueblo mexicano, sin importar cuándo fue la última fecha en que fue escuchado, uno como mexicano siempre recuerda la letra y siento orgullo en el pecho, al recitar sus estrofas y su coro. Desde eventos cívicos, hasta en eventos deportivos, el “mexicanos al grito de guerra”, acompaña a México en las buenas, en las malas y en la peores.
Sin embargo, ese no es el caso con el Himno de Aguascalientes. Resulta curioso acudir a un evento oficial y que la mayoría de los asistentes, tanto autoridades como miembros de la sociedad civil, no se sepan la letra y ni mucho menos la “tonada” del Himno del Estado de Aguascalientes. Escrito por Esteban Ávila y musicalizado por Miguel Meneses en 1867, parece una reliquia descuidada con el paso del tiempo, y que solo los muy aguascalentenses “dicen” recordar.
No se trata de etiquetarlo como “desactualizado”, pues también estaríamos hablando del nacional que habla de un país bélico, mismo que hace ya un largo tiempo no lo somos. Surge como problema, el desconocimiento generalizado del pueblo de Aguascalientes de su Historia y su pasado; poniendo como ejemplo a Chávez y a Arteaga, cuya memoria yace en lo más profundo de los empolvados libros del Archivo Histórico del Estado.
Desde su composición, Aguascalientes ha sufrido cambios de suma importancia que a la fecha nos han marcado como pueblo. Es el caso de la fundición, de los talleres del ferrocarril, el cultivo de uva, la industria textil y por supuesto la industrialización automotriz. Como también nuestra Feria de San Marcos, es el emblema aguascalentense por excelencia; sin olvidar todo lo bello que tienen a bien aportar nuestros municipios del interior.
No soy músico, como tampoco poeta, más tengo la inquietud de darle a Aguascalientes el himno que se merece. Para ello, se debe exhortar a las autoridades competentes, sea el Ejecutivo Estatal a través de una convocatoria y hacer uso de su facultad de iniciativa, o quizás sea a través del H. Congreso del Estado y sus integrantes; más lo más importante, que sea el pueblo de Aguascalientes quien decida y participe en la elaboración de un nuevo himno, del cual se pueda sentir orgullo e identificado.

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