Luis Muñoz Fernández

Todavía en 1800, algunos médicos leían y enseñaban sobre los libros antiguos no sólo por su valor histórico, sino buscando soluciones médicas a dilemas clínicos del momento. En otras palabras: los personajes históricos fungían como interconsultantes; sus escritos venerables estaban al alcance de muchos médicos porque eran importantes para su propia práctica. El conocimiento de latín y el griego era un prerrequisito para estudiar la carrera de medicina.
Sin embargo, durante el siglo XIX, las aplicaciones clínicas de la historia médica desaparecieron. Los viejos tratados médicos perdieron utilidad. No podían servir de referencia para los nuevos diagnósticos, métodos y tratamientos. Los paradigmas de la enfermedad mudaron a las explicaciones anatómicas y fisiológicas que hoy están en boga y estaban ligados a tecnologías sin precedentes: vacunaciones, microscopios, estetoscopios, anestésicos, antisépticos, oftalmoscopios, endoscopios, cirugía y rayos X. Fuese correcto o no, toda la sabiduría práctica del pasado se fue difuminando en el terreno de los clásicos, las curiosidades y las pláticas de sobremesa.

Jacalyn Duffin. Clio in the clinic. History in medical practice, 2005.

En días recientes, gracias a la doctora Rosa Elia Reyes Burgoa y a la generosidad del Colegio de Médicos Anatomopatólogos de Oaxaca que ella tan dignamente preside, pude visitar aquella ciudad y, muy particularmente, conocer la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), en donde fui recibido por el doctor Luis Manuel Sánchez Navarro, distinguido médico internista y dermatólogo, que es en la actualidad su director. Me esperaban varias sorpresas.

La primera fue el bello entorno natural en el que se ubican las instalaciones. La naturaleza es feraz en Oaxaca y se comprende que los patios y jardines de la facultad estén copados por una vegetación exhuberante entre la que destaca un gran laurel de tronco recio y copa cuajada de hojas que ofrece una sombra fesca y protectora ante aquel sol de justicia.

Emulando el foro “Bajo el laurel”, que se celebra en el Zócalo de Oaxaca, en esta facultad también se llevan a cabo actividades académicas y culturales bajo la sombra bondadosa del hermoso e imponente este árbol tan emblemático de Oaxaca.

Cabe destacar que ese paisaje vegetal puede ser admirado y disfrutado sin la interferencia del habitual cableado que afea todo tipo de espacios urbanos y que, gracias a la iniciativa del doctor Sánchez y la eficiente labor de su equipo de colaboradores, es aquí completamente invisible.
La fachada principal de la facultad, conocida como el Frontispicio, una bella construcción de estilo neoclásico en la que se había cebado la incuria durante muchos años, ha sido restaurada en un esfuerzo conjunto encabezado por las autoridades universitarias. Desde el Fronstispicio se puede contemplar la bella plaza con la famosa Fuente de las Ocho Regiones que hace alusión a las áreas geográficas, étnicas y culturales de aquel estado: la Cañada, la Costa, el Istmo, la Mixteca, la cuenca del Papaloapan, la Sierra Norte, la Sierra Sur y los Valles Centrales.

Los laterales del Frontispicio albergan hoy la Sala Magna “Benito Juárez”, destinada a actos solemnes, bellamente amueblada y adornada con magníficas maderas y elegantes lámparas, y una biblioteca en la que se atesoran, debidamente protegidos en prácticas gabetas de buena madera, numerosos libros antiguos de diversas disciplinas médicas, en buena parte donados por la familia del doctor Ramón Pardo al que nos referiremos un poco más adelante.
La mayor sorpresa fue conocer el Museo del Frontispicio, ubicado en los bajos del edificio, dedicado a la exposición de diversos artículos y objetos de la historia de la medicina dispuestos en magníficas vitrinas y acompañados de pantallas de plasma en las que se exhibe valioso material audiovisual alusivo al tema. Forma parte de este museo una botica como en las que antaño se bridaban los diversos preparados terapéuticos prescritos por los médicos de la época.

El Museo del Frontispicio es una obra admirable. En él se exponen libros de herbolaria, incluyendo reproducciones del Códice De la Cruz Badiano, de medicina antigua china, egipcia, griega, prehispánica, los descubrimientos del Renacimiento, antiguos aparatos de rayos X y de anestesia y referencias a los hongos alucinógenos de María Sabina, la famosa curandera y chamán mazateca que los dio a conocer al mundo entero. Es también un museo anatómico ya que contiene esqueletos y órganos bien preparados con fines didácticos, incluyendo un cráneo deformado intencionalmente que se custodia en este museo gracias a los oficios del pintor Francisco Toledo.

Una sección especial del Museo está dedicada a exponer los objetos y documentos del Dr. Ramón Pardo (1871-1940), distinguido médico oaxaqueño que el 25 de julio de 1900 realizó la primera raquianestesia en nuestro país para poder llevar a cabo la amputación del miembro inferior izquierdo de un paciente internado en el Hospital de la Caridad, hoy Hospital “Padre Ángel Vasconcelos”, en la ciudad de Oaxaca.

El destacado acontecimiento, que hoy forma parte de la historia de la anestesia en México, fue publicado en febrero de 1901 por el propio doctor Pardo en la Gaceta Médica de México, órgano oficial de la Academia Nacional de Medicina de la que él fue miembro. Este artículo llevó por título “La cocainización lumbar por el método de Tuffier”.

Al contemplar aquel museo maravilloso le expresé al Dr. Luis Manuel Sánchez Navarro que sentía una envidia de la buena. A pesar de que en las últimas dos décadas los museos médicos en general han perdido la importancia que tuvieron en la formación de los estudiantes de medicina, en buena parte debido a las actuales tecnologías informáticas, no cabe duda de que el Museo del Frontispicio de la Facultad de Medicina y Cirugía de la UABJO es un ejemplo que deberíamos imitar en Aguascalientes, porque estoy seguro de que elevaría el nivel académico de nuestros propios estudiantes y los haría más conscientes de que un día herederán una de las tradiciones y responsabilidades más nobles y antiguasdel género humano: la profesión médica.

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