Por J. Jesús López García

Además de haber dedicado su vida profesional a la academia, el arquitecto Louis Isadore Kahn (1901-1974) realizó un viaje iniciático a Europa donde a la vista de los grandes edificios de la antigüedad, comenzó a establecer una manera de proyectar su arquitectura retomando los elementos básicos de la composición clásica. Círculos, cuadrados y triángulos sustraídos de la arquitectura del pasado en un estado puro favorecido por las nuevas técnicas y materiales constructivos que muestran una mayor simplicidad en su montaje y ensamblaje, fueron configurados en el diseño de Kahn en composiciones más abstractas y definitivamente contemporáneas pero siempre a la vista de las referencias al pasado.

La obra de Louis Kahn es parte del capítulo posmoderno de la historia de la arquitectura, pero su posmodernidad no es constituida por la simplicidad del “kitsch” o la copia fácil, es una obra que continúa la línea de viejas arquitecturas pero bien insertada en su presente, y que en nuestro tiempo más de medio siglo después, sigue siendo plenamente actual. Los trabajos arquitectónicos de Kahn son un episodio de la posmodernidad que no es el único; la posmodernidad también tiene sucesos más libres o menos rigurosos, referidos a la cultura occidental como lo ya comentado, o con una fuerte filiación a la actualidad de la cultura “pop”.

Robert Venturi (1925-2018), Denise Scott Brown (1931- ) y Steven Izenour (1940-2001) escribieron el libro “Aprendiendo de Las Vegas”, precisamente a la luz que encandila de las marquesinas “pop” de la ciudad del juego y el entretenimiento. El aparato teórico del libro es un documento muy interesante para componer teorías de base antropológica para la percepción dentro de la cultura popular, pero abandona el rigor compositivo de la arquitectura clásica de la que se sustrae solamente a los elementos referenciales en sus aspectos más simples -como por ejemplo el personaje de las pizzas Little Caesars Pizza que porta toga y hojas de laurel en la cabeza, haciendo referencia a los patricios romanos como muestra del gusto por comer bien-.

Esta última posmodernidad que mezcla algo de referencias pasadas conjugadas de manera ecléctica con la cultura popular de nuestros días es junto con las tendencias deconstructivistas, la más llamativa, pero en un punto -no precisamente intermedio- entre el rigor academicista de Kahn y lo lúdico del “pop”, hay una posmodernidad que sin descartar la libertad compositiva de lo último, muestra en parte la contención de lo primero.

El resultado son edificios que buscan romper con la racionalidad neutral de la Escuela Moderna, con remates y elementos que no ocultan las libertades estéticas posmodernas, pero sin abusar en la inclusión de ellos. El edificio de AT&T, posteriormente Sony Building, de Philip Johnson (1906-2005) en Nueva York por ejemplo posee la configuración clásica de una columna: un fuste -el cuerpo del rascacielos- rematado por un capitel -en éste caso una especie de frontón a manera de remate, solución que se observa por ejemplo en la Torre Bosques, aquí en Aguascalientes-.

Michael Graves (1934-2015), James Stirling (1926-1992) y Mario Botta (1943-) realizaron edificios posmodernos también, pero su posmodernidad era un poco más apegada en la abstracción de Kahn, con sillares de piedra que alternaban en color y textura -como en la arquitectura románica- por ejemplo, y un juego de vanos y macizos que evoca en parte a la arquitectura medieval -más que a la de la antigüedad grecolatina-, y así hay edificios posmodernos que alejados de la ortodoxia racionalista funcionalista moderna, regresan a una expresividad pre moderna pero sin dejar atrás el uso de técnicas y materiales modernos.

En la avenida Las Américas esquina con la calle República de Ecuador, se encuentra ubicado el edificio Monte Carlo, obra del arquitecto Antonio Fernández Mendoza, que evita en su fachada poniente el uso de un paramento único y utiliza un escalonamiento de paños para generar un ritmo sin otro uso que el del esteticismo. Los grandes vanos rematan en uno de sus extremos en un perfil curvo y están realizados en vidrio reflectante para evitar vistas al interior y ofrecer a las visuales superficies muy diáfanas, el resultado es un edificio de una posmodernidad sobria pero al mismo tiempo discretamente llamativo. No emplea en su composición capiteles o fustes de columnas clásicos, no presenta remates en cornisas protuberantes o ritmos de vanos y macizos tradicionales, pero es una obra que con toda su clara inserción en el acervo arquitectónico local del último cuarto del siglo XX, posee rasgos cuya libertad lo exime del rigor de la escuela Moderna más pura -por ejemplo del Sindicato Ferrocarrilero-, de ahí su posmodernidad que a varias décadas de distancia, se empieza a consolidar en obras que van ganando su lugar en nuestra ciudad como referencias dignas de un tiempo.

El Monte Carlo forma parte de los edificiosde la década de los 80 del siglo XX ubicados sobre la avenida de Las Américas con características de la posmodernidad arquitectónica, la cual hizo su aparición en Aguascalientes y se afincó en ella.

 

Edificio Montecarlo en la esquina de la avenida Las Américas y calle República de Ecuador