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@ferlog14

El pasado primero de septiembre, el Presidente Enrique Peña Nieto entregó al Congreso de la Unión su Segundo Informe de Gobierno. De esta manera, cumplió con la primera de las obligaciones establecidas en el artículo 69 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que consiste en “presentar un informe por escrito, en el que manifieste el estado general que guarda la administración pública del país.”

En el mensaje que dirigió a los mexicanos con motivo de dicho acontecimiento, el Presidente señaló lo siguiente: “a 21 meses del comienzo de esta Administración, hoy rindo cuentas a la sociedad mexicana.” Si bien el informe escrito que fue entregado al Poder Legislativo contiene lo suficiente para ser considerado como un instrumento de información y explicación para la ciudadanía, el contenido del discurso que dirigió a la Nación no es congruente con dicho propósito.

Como es costumbre en nuestro país, tanto el evento como el mensaje derivados de la entrega del Informe de Gobierno, se enfocaron sobre todo a la promoción y la exaltación de las acciones que hasta el día de hoy se han llevado a cabo. Sobra mencionar que, en función de las expectativas generadas, éstas no van más allá del ejercicio ordinario de las funciones de gobierno y dicha situación resulta clara para un amplio porcentaje de la población, en un escenario económico insatisfactorio, resultado de reducidos niveles de productividad y condiciones externas poco propicias.

Los dos aspectos que generaron mayor atención respecto al discurso derivado del informe son la transformación del Programa Oportunidades en el Programa PROSPERA y el anuncio de que el Gobierno Federal construirá un nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Indudablemente, ambos son ajenos a lo que debiera presentarse como resultado de los últimos meses de gobierno; sin embargo, han captado la mirada de los medios y de la propia ciudadanía reduciendo la relevancia del ejercicio de rendición de cuentas.

Un acierto que la presente administración ha tenido, y que se demuestra claramente en la determinación por impulsar las reformas estructurales aprobadas en los últimos meses, es la visión de buscar un cambio estructural y a largo plazo. Resulta evidente que una transformación de estas características requiere más de 21 meses de gobierno y clarificar dicha situación es fundamental para mantener la confianza de nuestra sociedad.

En el mensaje del Segundo Informe de Gobierno parece que se busca dirigir la opinión de la ciudadanía hacia los anuncios mencionados sin considerar que solamente los resultados concretos de las reformas podrán generar la percepción positiva sobre un gobierno que ha comprometido su prestigio en ello. Esperemos que los esfuerzos sigan en el objetivo de llevar a cabo las reformas cuanto antes y no de buscar justificaciones y distractores para evitar comunicar sus avances.