Érika Hernández 
Agencia Reforma

Tuxtla Gutiérrez.- Mientras el Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ingresaba al aeropuerto local para abordar un vuelo comercial a la Ciudad de México, en la pista unos 40 elementos del Estado Mayor Presidencial subían al avión presidencial TP02 con el mismo destino.
La aeronave que por 30 años transportó a los Presidentes del País y que desde el 2016 está asignado al traslado de elementos de esa corporación, arribó un día antes a la capital chiapaneca con los militares que resguardarían el encuentro entre el tabasqueño y el Mandatario de Guatemala, Jimmy Morales.
El futuro Jefe del Ejecutivo pagó por su viaje redondo a Tuxtla Gutiérrez alrededor de 7 mil pesos, además de los mil 100 pesos que costó la noche de hotel, donde comió y cenó el lunes.
Un monto parecido gastaron sus cuatro acompañantes.
En el 2014, para un viaje del Presidente Enrique Peña Nieto a San Juan Chamula, el Estado Mayor pagó por el combustible del TP02, cuatro helicópteros que trasladaron a la comitiva, el traslado, comida y hospedaje de un centenar de elementos que vigilaron la gira, 889 mil pesos.
Mientras estaba sentado en la sala de espera, a López Obrador le dijeron que el avión oficial se veía a sus espaldas.
“¿Ni ese se quiere quedar?”, le preguntaron en referencia a su plan de vender las aeronaves presidenciales.
“¡Ni ese!”, contestó.

El estilo de viaje
Cuando la gente se da cuenta que aparece López Obrador en el aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez, se arremolina para robarle una selfíe.
Ante los empujones, César Yáñez, su ‘sombra’ desde hace 20 años y futuro coordinador general de Política y Gobierno, le ayuda con la pequeña maleta roja que él mismo arrastra y su portafolio negro.
Con los niños se muestra especialmente cariñoso: una menor con el brazo enyesado le grita tímidamente si le regala una fotografía, el tabasqueño voltea, regresa apresurado, la abraza y le da un beso en la frente antes de posar. Prácticamente todos obtienen su imagen del recuerdo.
El personal encargado de los arcos de seguridad le da la bienvenida y deja que el Presidente electo cumpla el procedimiento como cualquier pasajero, sacando cartera, llaves y monedas para la charola en la banda de los rayos x.
El tabasqueño uno de los últimos en abordar el avión. Se sienta en el asiento 12A, junto a la ventanilla, que al igual que en su vuelo de la Ciudad de México a Tuxtla, es la fila donde está la salida de emergencia, que suele ser la más espaciosa de la clase turista.
La plática con Yáñez es interrumpida continuamente por pasajeros que le piden una fotografía o un autógrafo.
Cuando comienza el descenso, atento observa cómo va la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y ya en la pista, a lo lejos ve el Hangar Presidencial y el TP02 que llegó antes que él.