Noé García Gómez

El 1ro de julio el presidente de México Andrés Manuel López Obrador aprovechó la fecha de cumplir un año de su triunfo electoral para festejar con un evento masivo en el Zócalo de la Ciudad de México muy parecido a sus mítines de campaña, tal vez porque ya los extrañaba. Lo disfrazó de un  “informe de labores” de tan solo siete meses de su gobierno.

El mensaje de Andrés Manuel duró poco más de 85 minutos. Fue interrumpido en 35 ocasiones por los aplausos de los asistentes. Los tópicos más celebrados fueron el combate al clientelismo y el fin de los moches, la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, el ajuste de sueldo a los funcionarios del gobierno federal y las medidas de austeridad.

Aseguró que con estos  primeros siete meses de su gobierno ha bastado para demostrar que “no es más de lo mismo” sino que inició una profunda transformación de la vida pública de México. El presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que lleva cumplidos 78 de los 100 compromisos, pero paradójicamente también pide paciencia pues lleva apenas unos meses y le dejaron “un cochinero”.

Fue un carnaval de cifras y acusaciones.

Con el clásico acarreo, se vieron camiones, clientelas de grupos y reparto de lonches, que generaron un arropamiento con arengas de apoyo. Pero la oposición externo en su mayoría acusaciones, de que este evento nomás sirvió como proselitismo partidista o como una eterna campaña.

Pero las críticas y acusaciones de la oposición exageran en el uso de los lugares comunes, que una verdadera critica que impacte en la sociedad y la agenda, con frases hechas como el clásico “no hay nada que celebrar” o el “que deje de hacer campaña y gobierne” o es la peor etapa de la historia de México” la oposición se exhibe desarticulada, débil, desconcertada y reactiva.

La marcha convocada por la oposición un día antes festejaban números de asistentes, que no llegaron ni al 10% de lo convocado por López Obrador al Zócalo, y la oposición se burló, ironizó y criticó el mecanismo de acarreo, pero sin reconocer que eso, estrategia y mecanismo fueron los que les asestó un nocaut que los tiene todavía en la lona.

Una opinión fuerte, organizada y con proyecto alternativo de país le hace mucha falta a México. El problema es que los partidos políticos tradicionales y las elites que los detentan, no tienen la brújula para ser un sano contrapeso, la escasa caída en la popularidad  de AMLO es  más por sus errores y desgaste de operación, que por una estrategia pensada y operada por alguna parte de la oposición.

Si esto no cambia pronto, podemos estar frente a un vacío que aprovechará López Obrador y su partido, y que comience una etapa de mayoriteos simplones en el Congreso de la Unión y una ratificación de la mayoría de Morena en los órganos legislativos.