En tu sala-habitación, nadie puede oírte gritar. Esta premisa ha definido una considerable porción de las propuestas cinematográficas en su apartado terrorífico en lo que va de este siglo, un posible efecto secundario de la intoxicación provocada por la colosal ingesta de cintas cuyo núcleo narrativo era la denodada lucha del hombre contra amenazas extraterrestres/sobrenaturales/creadas por otros hombres y que caracterizó toda la década de los 80’s y parte de los 90’s. Es de suponer que, cuando los cineastas agotaron las posibilidades que los adversarios envueltos en látex y complicados maquillajes tenían que ofrecer, la única opción era retornar a los asesinos de carne y hueso con el fin de recuperar a un público algo hastiado y muy distante. El austriaco Michael Haneke puso la muestra y zanjó el terreno para la inconsistente prole que se avecinaría con la magnífica “Funny Games” (1997), cáustico filme de inevitable culto que incluso erogaría en un tibio remake manufacturado por el propio Haneke. Sin embargo el fenómeno del horror doméstico y la violencia producida por brutales allanamientos de morada, no cobraría fuerza hasta después del 11 de septiembre del 2001, cuando la paranoia, el miedo al otro y la inseguridad domiciliaria acompañada de una perspectiva fascista en cuanto a la defensa de lo propio, hizo mella en el colectivo gringo una vez que las Torres Gemelas colapsaron por medios aéreos. Así, producciones como “Los Extraños” (Bertino, E.U., 2008), “Ils” (Moreau / Palud, Francia, 2006) o más recientemente la exitosa pero narrativamente fallida saga titulada “The Purge” han expuesto el verdadero temor que yace en las entrañas del ciudadano común allende a fenómenos paranormales, conjuros y demás fauna espectral o bestial: La violación a la privacidad, esa pérdida de la condición de holgura para dar lugar a la supervivencia en base a una intrusión feroz e iracunda. El extravío del control en nuestro cotidiano, producto de un atacante enmascarado que porta arma blanca es lo más real y cercano que tendremos a un monstruo bajo la cama, y a la vez se traduce en un símbolo de la ideología antropomorfizada de un sistema neoliberal e hipercapitalista que penetrará hasta los rincones más recónditos de tu cuarto y tu mente para saquear lo que requiera a costa de tu vida: Cordura.
Entonces, por lógica, la revisión de estas cintas debería traducirse en una experiencia incómoda y acongojante. Sin embargo, la gran aceptación que reciben por parte del público solo confirma lo expuesto previamente, pues se traducen en una adrenalínica e intensa catarsis colectiva que libera dicho demonio psicológico y permite a la audiencia hacer las paces con su paranoia, aunque sea una hora y media, pues los anónimos entes propulsados por la furia y desprovistos de identidad seguirán allá afuera, esperando a que la guardia baje para…bueno, para lo que sea.
Esta premisa alimenta una producción que ya se ha consolidado como el cúlmen de este turgente subgénero, “Tú Eres el Próximo”, cinta que llegó a nuestro país con dos años de retraso debido a sonados problemas de distribución que fueron solventados, una vez que su participación en festivales de renombre, como el de Toronto o Sitges generara críticas favorables y aplauso unánime del público, y puedo decir con firmeza que la espera ciertamente valió la pena, pues aún si en momentos peca de sobreexposición de elementos y el cuadro de actores va de lo más creíble a la horizontalidad total, la dirección del cineasta de culto Adam Wingard (“The Guest”) es muy sólida e incluso sorpresiva por los ingeniosos ases bajo la manga que logra sacar cuando la película parece ir agotando su bolsa de trucos.
La historia se ubica en una amplia residencia campestre muy alejada de la urbanidad y con atmósfera bucólica, espacio bien aprovechado por Wingard para desarrollar una trama donde el aislamiento físico y emocional, son clave para dimensionar su proyecto sin caer en la mera fórmula. Todo comienza cuando un matrimonio, Paul (Rob Moran) y Aubrey Davies (Barbara Crampton… Sí, la misma Barbara Crampton que engalanara las cintas adaptadas de Lovecraft dirigidas por Stuart Gordon en los 80’s) decide celebrar su 30 aniversario en compañía de sus hijos y familias. El primero en llegar es Crispian (A.J. Bowen), quien llega acompañado de su novia australiana Erin (Shami Vinson), ambos conforman una pareja feliz y próxima a casarse. A lo largo de la velada llegan el resto de familiares y se ejecuta una dinámica interesante, pues vemos como algunos hermanos no se soportan y sus discusiones francas y honestas permiten un cierto grado de humanización que los aleja de la mera caricatura. Una vez que los personajes se han expuesto y evidenciado como son, se ven atacados súbitamente por un grupo de sujetos con tenebrosas máscaras de fauna contrastantemente apacible (zorro, conejo, gato, etc.). La embestida es repentina y contundente, hiriendo a algunos y matando a otros bajo condiciones misteriosas, pues ni ellos ni nosotros sabemos el porqué del ataque o sus motivos, por lo que únicamente se especula que se trata de una sed de sangre que debe ser saciada. Sin embargo, brota un factor con el que los transgresores no contaban, pues la australiana Erin posee amplias aptitudes estratégicas y de defensa que dará un giro de 180º a la trama, pues ahora los cazadores son la presa y la presa es un ave de rapiña insaciable. La brutalidad en ciertas escenas es pasmosa y los excesos hemoglobínicos toman el control para el tercer acto de la cinta, más para ese punto los interesantes giros y diseños de personajes ya han cautivado nuestra atención y se pasa por alto ciertas inconsistencias y brincos. Para cuando el razonamiento detrás de la invasión doméstica queda revelado, nos sentimos tan gratificados por el trabajo argumental y rítmico del director Wingard que el despeje de tal incógnita sea relativamente trivial y casi absurdo que no llega a importar, pues la sorna con que se narra la historia y el recurso constante de la ironía bien trabajada y de tono casi paródico al subgénero que se circunscribe ayuda a que se tome incluso como nota de humor negro. “Tú Eres el Próximo” no es tan solo el título o una amenaza, es una gozosa promesa de una cinta que se disfruta por ser algo que no es y nunca pretendió serlo.

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