Sergio Martín del Campo Rodríguez

Zacatecas la guapa señora encañonada; Zacatecas, la que vio sangrar a los hijos de la patria; donde el Gral. Felipe Ángeles dio lección maestra de alta artillería; si, Zacatecas, la tierna señora embarazada de oro y plata, hoy ve a los soldados de la patria bullir con ardor en las arcanas faenas del único arte ecuestre mexicano: la Charrería.
En el instante justo en que las máquinas accionaban su mecanismo y dejaban grabadas las letras que el amable lector sigue atento, las huestes de Vicente Fernández ya habían estrujado al público que generó un lleno en los escaños del monumental lienzo Antonio Aguilar Barraza.
Horas antes en el mismo mullido y arenoso foro en el primer encuentro semifinal, Tres Regalos B Quintana Roo y Hacienda Guadalupe N. L., dejaron firmada su placa de calificaciones con 293 tantos cada uno, mientras por su lado Cuenca del Papaloapan, Oaxaca lo hacía con 272.
Esa fue la primera señal; el primer referente; las trances que habría que salvar.
Ya con el volcán encendido en la segunda contienda, Tres Potrillos, Jalisco se inflamó con una comparecencia soberbia tasada, según los jueces con 368 totales. Por su lado, en su momento y a su modo, Tequila Hacienda Vieja, Jalisco no contó con la sonrisa de la fortuna y hubo de rubricar su paso a semifinal con 254 puntos que, en consecuencia lógica los dejaba fuera del choque final.
San Rafael, Chis., igualmente quedaba derrotado en el combate con un folio en el que se les anotaron 250 tantos.
Los Tres Potrillos iniciaron los cañonazos con una cala a la siniestra de Gerardo Fernández Abarca quien orquestado en un hermoso tordillo carbonero de nobleza total al que le desgajó 41 puntos.
En la región de piales apostó su cabalgadura Enrique Ramírez e hizo cantar la de ixtle en dos ocasiones, logrando con ello incensar la manga del lienzo y agregando a la cuenta 30 bonos más.
La tercia de coleadores cumplió sin más; para ella hubo 64.
Se emparejó la puerta grande, se le puso aldaba y entonces se vivió el acabose.
A un bóvido sin mucha gracia, Asunción Sainz le arrancó 20; en estado de eficacia, se dibujó la terna a las diestra de los Ramírez, padre e hijo; el cabeceo de Enrique padre se preció de 27 entre que el pial Enrique hijo de 29.
Posterior a que Octavio Gurrola jineteó la yegua para 16, apeado Enrique Ramírez padre, se colocó en los cuatro metros y al cuadril se hizo ver con una tercia de manganas decentes que para el reglamento costaron en conjunto 72.
Su vástago no quiso ser menos, y no lo fue en las de a caballo forjó dos sumando por su certera acción 49 totales. El remate lo buriló Asunción Sainz con un paso de la muerte de 20 tantos.