Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Muchos padres de familia se molestan, no tan sólo porque condicionan la inscripción de sus hijos en las escuelas, sino porque no ven claro en qué se utilizan sus aportaciones económicas de cada año. En algunas escuelas hay cierta claridad acerca del uso de los dineros aportados por los padres, pero en otras (tal vez en la mayoría de ellas) no queda claro en qué se gastan los recursos recabados; y esta situación genera comentarios nada agradables tanto para los directores como para las mesas directivas de los padres de familia.

Sería recomendablequelos directores de las escuelas y las mesas directivas de los padres, antes de solicitar aportaciones económicas, hicieran una revisión y valoración de lo más necesario y urgente de atender en cada escuela; es decir, que priorizaran las necesidades más apremiantes en materia de mantenimiento y en relación con los servicios educativos; y calculen (con el apoyo de alguien que conozca al respecto) los montos requeridos en cada caso; estos es, que cuantifiquen el costo para la reparación de los servicios sanitarios, la impermeabilización de los techos o la pintura de la escuela, entre otras necesidades. De igual manera, se puede presupuestar lo requerido para el arreglo de las computadoras, la adquisición de los libros de consulta o la compra de reactivos para los laboratorios. Las necesidades pueden ser muchas; sin embargo, los padres de familia determinarían, en sesión, lo que pueden realizar y/o adquirir, de conformidad con sus posibilidades económicas; y aquellos padres que vivan en situaciones precarias pueden contribuir con mano de obra. Este procedimiento se aplicaría cada año, de manera que gradualmente vayan mejorando las condiciones de las escuelas.

Ahora bien, para que los padres de familia vean, en el terreno de los hechos, en qué se gastaron sus aportaciones económicas y también  vean su mano de obra, necesariamente, tendrían que mostrar, por lo menos dos cosas; por una parte, la obra realizada y/o el material educativo adquirido; y, por otra parte, mostrar en reunión plenaria las facturas de los gastos realizados. Los egresos, invariablemente, tendrían que cuadrar con los ingresos de las aportaciones. Si los padres determinan que una parte de sus aportaciones se destine a las festividades de los niños, sería también cuestión de justificarse con claridad. Desde luego, la prioridad de los gastos sería para el mantenimiento de las escuelas y la adquisición de lo necesario para el buen funcionamiento de las escuelas. Y en caso de que las autoridades competentes programen y lleven a cabo reparaciones en algunas escuelas; es absolutamente indispensable establecer coordinación con los directores y padres de familia, para evitar duplicidades y usar los recursos de los padres de familia en otros menesteres, igualmente necesarios.

Esta sugerencia, es en el supuesto que se normaran las aportaciones de los padres de familia; pero si las autoridades (federales, estatales y municipales) se hacen cargo del mantenimiento de las escuelas, entonces no hay necesidad de dar tantos saltos donde el suelo está parejo. Pero, si los gobiernos no tienen los recursos suficientes para atender este rubro del sistema escolar, entonces más vale pensar en cómo normar las aportaciones en la educación. Lo que no se vale es que las autoridades digan que las aportaciones voluntarias deben darse hasta en septiembre u octubre; pues todos saben que, en esos meses, de cien padres tan sólo dan la cuota escolar de cinco a diez de ellos. Si los padres no apoyan ni las autoridades competentes tampoco, entonces ¿quién hará algo para que las escuelas tengan las condiciones, mínimamente, decorosas?

Mostrar a los padres las obras realizadas y comprobar con facturas los gastos realizados; es decir, transparentar los recursos, en mucho se ayudarían las escuelas porque los padres de familia con gusto aportarían lo que beneficia a sus hijos.

 

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