Josemaría León Lara Díaz Torre

Restan 99 días para que concluya el mandato presidencial de Enrique Peña Nieto; para dar paso al comienzo de la administración federal de Andrés Manuel López Obrador, que, por primera vez en 84 años, su presidencia no durará seis años a diferencia de sus 14 antecesores que si lo hicieron. Esto se debe a la reforma al Artículo 83 Constitucional del año 2014, pasando el inicio del mandato del ejecutivo federal al primero de octubre en vez del primero de diciembre como solía acostumbrarse desde hace décadas.
En otras palabras, López Obrador estaría terminando su gobierno dos meses antes de lo acostumbrado, gobernando entonces por cinco años y diez meses; siendo precisamente el día 30 de septiembre del año 2022 su último día investido como presidente de México (a menos que alguna otra cosa suceda). Pero, dejando al futuro de un lado es menester centrarnos en el presente y analizar el lenguaje político que ha traído consigo el proceso de transición y entrega de recepción de la administración saliente a la entrante.
Lo que pudimos presenciar a nivel nacional gracias a la inmensa cobertura mediática del evento, sienta un precedente de lo que podría considerarse una democracia republicana en vías de maduración. Pues esa rueda de prensa en conjunto del presidente en turno con el presidente electo, acompañados de los gabinetes de ambos, ciertamente manda una señal de cordialidad y respeto entre ambos equipos; ¿será que solo se trata de guardar las apariencias, o tal vez que este arroz estaba ya cocido desde antes del primero de julio?
Sea como sea, el hecho es que el presidente Peña se encuentra ya en el ocaso de su gobierno y comenzará a realizar la tradicional gira del adiós por todo el país; situación en donde ya es acostumbrado que los presidentes salientes rompan un poco el protocolo y hagan comentarios más allá de lo acostumbrado, aunque la comedia involuntaria para Don Enrique ha sido una constante por los casi últimos seis años. Y es que sea bien o mal, ya tiene su lugar asegurado en los libros de la historia patria, aunque será trabajo de las futuras generaciones el juzgar el tipo de presidente que fue.
Mientras tanto, lo que de ahora en adelante diga el señor presidente de la República no tendrá el mismo eco que tuvo inclusive hace unos meses. Pues el factor “López Obrador” se ha convertido en un fenómeno imprevisible para más de alguno, pues lo que diga y hasta lo que no diga, se convierte en nota de primera plana; pareciera que se tratara de un presidente electo que sin tomar protesta constitucional ya se encuentra ejerciendo el cargo. Situación que ha provocado alto grado de confusión en la sociedad, al dar por hecho muchas cosas a las que él y su equipo aún no están facultados para llevar a cabo.
Para quienes pensamos que más allá de filias y fobias, que lo que debe prevalecer en la integridad de la Unión y la estabilidad de la república; es de reconocerse el hecho de la voluntad política del gobierno saliente, para hacer lo más tersa posible la transición de gobierno, pues lo que en realidad importa es el país y el bienestar de todos los que habitamos en él. Esperemos que, en los siguientes 99 días, la situación permanezca de la misma manera, donde el diálogo respetuoso y la generosidad política lleven a buen camino la conclusión de un gobierno y el comienzo de un nuevo, que solo trae consigo incertidumbre.