El ISSEA refuerza vigilancia en antros, bares, restaurantes y demás establecimientos donde se consume alcohol, con el propósito de evitar que se vendan bebidas adulteradas que pongan en riesgo la salud de los consumidores, pues hay riesgos de ceguera y hasta letales; por tanto, desconfíe si le venden botellas muy baratas.
El director de Regulación Sanitaria, Octavio Jiménez Macías, advirtió que Aguascalientes no escapa a este fenómeno, de ahí la importancia de tomar las previsiones necesarias.
“Estas bebidas no aseguran calidad ni higiene en su elaboración, y al no existir un control en su proceso de producción, pueden generarse riesgos para la salud de los consumidores”.
Comentó que entre las formas más comunes de adulteración, está la sustitución del líquido original por otro de menor calidad, que se le rebaje con agua y que se le agregue alcohol metílico, este último el más peligroso.
“El alcohol metílico no es apto para el consumo humano, es una sustancia que se obtiene de la destilación de la madera y es utilizado como sustancia activa de solventes y removedores de lacas y barnices”.
Añadió que su consumo puede ser fatal, ya que afecta principalmente el sistema nervioso central. Los síntomas pueden ser fuertes dolores de cabeza, mareo, ceguera, náuseas, vómito, nerviosismo, ansiedad y resaca intensa.
En altas cantidades, este compuesto puede producir la muerte, por la disminución en la actividad del sistema respiratorio y cardiovascular.
Indicó que el consumo de bebidas alcohólicas en México supera los 20 millones de cajas al año. Y de acuerdo con la Comisión Federal para la Protección de Riesgos Sanitarios (Cofepris) y la Profeco, alrededor del 40% de éstas se encuentran adulteradas y no cumplen con las normas sanitarias.
De acuerdo a la sustancia que se añade para hacer “rendir” el producto, es el riesgo que se corre; cuando se trata de agua es sólo fraude.
Para detectar si la bebida alcohólica se encuentra adulterada, hay que considerar que la bebida presenta un sabor diferente al acostumbrado; casi inmediatamente al beber los primeros tragos, se sienten retortijones y ganas de evacuar.
También si llega la embriaguez con muy poca cantidad consumida; y si hay dolor de cabeza y ojos, náuseas o ganas de vomitar.
El principal problema con las bebidas bajo esta condición, es que salen al mercado y se venden a los consumidores como si fueran productos originales, pero a precios habitualmente más económicos.
Ejemplificó que si normalmente una botella cuesta 200 pesos y hay alguien que se las vende en 100 pesos, es lógico suponer que se trata de productos robados o adulterados, por lo que las personas no deben dejarse sorprender.

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