Con una trayectoria de 18 años en su profesión, el comandante Fernando Juárez García, actual coordinador de buzos del H. Cuerpo de Bomberos, ha participado en el rescate del cuerpo de personas que han perdido la vida en presas y bordos, principalmente. En total, son seis buzos certificados, quienes en cada rescate arriesgan su vida al sumergirse en profundidades hasta de 40 metros.

Los rescates se realizan con dos buzos por misión; uno de ellos aguarda en la lancha asistiendo, mientras que otro ejerce en las profundidades del agua. Ambos laboran equipados con trajes especiales, aletas, visores y cargando en su espalda un cilindro de aire comprimido que supera los 15 kilogramos de peso. El rescatista sumergido lleva una soga atada a la canilla de la mano, que se convierte durante la misión en su única forma de estar en comunicación. Con ella avisa al buzo de apoyo sobre cualquier situación de auxilio en caso de golpearse con alguna roca o tronco o si quedara atorado entre la maleza. También con la soga se le da aviso al equipo que espera en la superficie de que la misión fue exitosa al encontrarse el cuerpo.

Juárez García explicó que antes de realizar la expedición subacuática se realizan labores de «gancheo» para que los buzos puedan conocer el tipo de terreno al que se enfrentarán debajo del agua, donde la temperatura es baja y la visibilidad nula, al no ser posible poder ver más allá de un metro de distancia. «Necesitamos cinco minutos para bajar y cinco minutos para subir, la descompresión es importante. La respiración también es importante, no hay que hacerla muy rápida ni muy lenta. El tanque nos permite estar hasta 35 minutos debajo del agua», detalló.

El comandante dijo también que al momento de realizar la sumersión, es necesario entrar mentalizado y concentrando. De lo contrario, se corre el riesgo de que la misión no sea exitosa, incluso arriesgando su vida. Fernando, quien recibió un reconocimiento por el rescate de 14 personas en un solo año, tiene una peculiar forma de «pedirles» a los cuerpos el poder ser encontrados, la cual asegura le ha funcionado; «yo les hablo, les digo, sal chiquito, por favor no te quedes aquí una noche más, está frío y vas a estar solo, tu familia te espera».

Además de los riesgos naturales a los que se enfrentan los buzos en su trabajo, en muchas ocasiones tienen que lidiar con agresiones físicas y verbales de parte de los familiares de las víctimas, quienes ante la tragedia que enfrentan reclaman que el cuerpo sea encontrado lo más rápido posible. El rescate más tardado al cual se han enfrentado los integrantes del H. Cuerpo de Bomberos del Estado, es de 22 días. «Nos han llegado a lanzar piedras, nos han llegado a exigir que encontremos pronto el cuerpo. Para nosotros es hasta frustrante no hacerlo rápidamente», lamentó el comandante, quien sin embargo aseguró sentir orgullo y satisfacción por servir a la sociedad por medio de esta difícil tarea. Sin duda, se trata de trabajo retador, pero sobre todo, extraordinario.