Como si no hubiera temas mucho más importantes para la ciudadanía, recientemente la agenda pública se ha concentrado en escandalizar la compra de unos vehículos utilitarios por parte del Congreso del Estado.

Para empezar, vale la pena dimensionar de forma analítica el ojo del huracán:

De acuerdo con el presupuesto de egresos del estado para el presente ejercicio fiscal, el erario, es decir, el monto destinado para el gasto público, asciende a poco más de 15 mil millones y la compra de éstos vehículos, marca Nissan, modelo Sentra, tiene un monto de 220 mil pesos cada uno, es decir, la molestia de algunos por la forma en que se gasta el dinero del pueblo representa el 0.03% de los recursos para este año. Creo que sería más importante analizar la forma del gasto, tanto por trascendencia como por montos, destinado para la educación o la seguridad ¿A poco no?.

Luego, los actos administrativos, como la compra de vehículos, deben de tener además de todos los requisitos y elementos formales que la ley les impone expresamente, otros dos principios jurídicos conocidos como el mérito y la oportunidad, mismos que podemos entenderlos como las condiciones de idoneidad y pertinencia que una decisión pública debe de tener poniendo siempre como brújula el interés general, en el caso, la compra de un vehículo para un servidor público que desarrolla funciones que implican movilidad se ajusta a estos parámetros, considerando que ni se está comprando un caballo, ni un Ferrari, que por cierto, para envidia de no pocos, cada vez vemos más por nuestras calles.

Así las cosas, caería en el mismo absurdo de lo que critico, si a continuación me dedicara a desarrollar un estudio respecto de que si un Sentra es un auto propio o impropio para un legislador; vaya tontería, prefiero aburrirle con otro enfoque para este mismo tema.

La labor legislativa es una labor fundamental para la consecución de los fines del estado, gracias a ella se dibujan reglas del juego social, se reconocen derechos para la ciudadanía y se imponen obligaciones para las autoridades, de este tamaño es la relevancia de lo que hacen nuestros 27 diputados, como ciudadanos, nuestra responsabilidad es pedirles cuentas, es exigirles que nos escuchen, es obligarles a que se hagan las leyes que quiera la mayoría, no es, discúlpeme, criticar si su auto tendrá o no aire acondicionado.

Así como con justa razón nos lamentamos una y otra vez de bochornosos casos de políticos que incumplen con su posición dentro de un estado, así también nosotros pongamos el ejemplo y como ciudadanos hagamos debates serios respecto de nuestras autoridades, si bien es importante estar informados de todo, no nos dejemos seducir por información color mostaza, por el bien de nosotros mismos, mejor concentrémonos en aspectos más importantes.

Es irremediable que cuando hablamos de sueldos y comodidades para los políticos lo primero que se nos venga a la mente es reprocharlos y criticarlos, pero… ¿Qué pasaría si cambiamos tan solo por un minuto este pensamiento? Si se fija, de cierto modo somos parte de un círculo vicioso donde criticamos el bajo nivel de nuestra clase política y a la vez no queremos que ganen bien. Reza el dicho inglés “if you pay peanuts, gets monkeys” (si pagas cacahuates, obtienes monos) ¿Qué tipo de políticos queremos? ¿Y si cambiamos de inercia? ¿Y si en lugar de criticar los Sentras se los compramos con gusto pero les exigimos resultados? ¿No cree que nos iría mejor?

@licpepemacias