Toman terapia

MONTERREY- En los 10 años de la relación entre Mayrín Villanueva y Eduardo Santamarina no todo ha sido miel sobre hojuelas y en medio de la crisis su amor ha prevalecido, pero para mantenerse unidos, desde hace dos años, asisten a terapia de pareja una vez por semana.
A veces juntos o en lo individual, los actores se apapachan en sus terapias que no sólo los ayuda a ellos, sino que también impacta como un buen ejemplo para sus cinco hijos.
“Las terapias ya no las vamos a soltar ni Mayrín ni un servidor, porque es algo para nosotros, es un tiempo que le dedicamos exclusivamente a nosotros”.
“De repente en la vida te das cuenta que andas ahí queriendo complacer y agradar a todo mundo y no te apapachas, no te complaces a ti mismo, entonces, este es el espacio que te das en una terapia”, comentó el actor de 50 años.
Desafortunadamente en México, agregó, está estigmatizado que las terapias son para locos.
Pero en otros países más desarrollados, son como meterse a bañar, porque es parte de su diario vivir.
La gente suele gastar su dinero en tonterías o bobadas y se niega a invertir en el bienestar de su alma.
“Nuestras sesiones nos ayudan en la relación, pero también te ayudas a ti mismo porque es echarte un clavado al pasado, revisar la infancia que tuviste y todas las cosas que traes arrastrando. En la medida que empiece la aceptación y comiences a trabajar en todas esas cuestiones llegan los beneficios”, señaló.
“(Con las terapias) serás un ser humano más congruente y por ende en tus relaciones con tu esposa, novia, hijos, en el trabajo, con los amigos, en la familia”.
Como pareja, contó, decidieron hacer un alto a su vida porque se dieron cuenta que le dedicaban tiempo a sus hijos, al trabajo, pero no a ellos.
Ahora sus terapias son un tiempo intocable, asisten juntos o según sea el caso, lo hacen por separado.
“Hace dos años comenzamos con la terapia, en nosotros está decidir si lo que traigo en el costal lo quiero seguir arrastrando toda mi vida o morir engañado”.
Tristemente, enfrentarse a uno mismo, indicó, da miedo porque no se quiere escarbar al pasado y se evade el problema. (Paula Ruiz/Agencia Reforma)