El Heraldo de Aguascalientes

TLCAN de tratado a maltratado

Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“Golpeé fuertemente sus puños con mi rostro, luego metí furiosamente mi nariz entre sus dientes y lo arrojé pesadamente al suelo sobre mí” Anónimo.

Pues sí, claro que me gustaría unirme a las expresiones de júbilo que festinan el logro obtenido el “acuerdo de entendimiento” que sustituirá al Tratado de Libre Comercio para América del Norte, o que sentará las bases para la revisión del TLCAN, o que mientras Canadá decide si le entra o no, nosotros (muy listitos) ya conquistamos no solo el corazón de Mr. Trump, sino que nos le colamos por el ala izquierda con el refuerzo oportuno del representante de AMLO, y logramos un “satisfactorio” acuerdo que nos deja tranquilos y al punto de obtener el premio Nóbel de los tratados, que no se si exista, pero que si no existiese habría que crearlo.

Yo no lo festino, aunque pudiera incurrir en ser sujeto pasivo de la fea expresión del presidente Peña “ningún chile les embona”, porque, primero, por principio no festejaría nada que le pareciera bien a Mr. Trump, ni siquiera un triunfo de los Dallas Cowboys en el hipotético caso, God libre l’ora, de que se le ocurriera ser su fan; segundo, porque los güeros nunca han dado paso sin huarache y los tratos con ellos, buenos o malos, siempre han sido peores para nosotros; tercero, lo dijo el inefable Mario Moreno “Cantinflas” no se si citando a Carlos León o porque se le ocurrió a él solito, somos “buenos vecinos”, nosotros somos los “buenos” y ellos los “vecinos”; cuarto, Don Porfirio, con la sensibilidad que le caracterizó para pacificar y gobernar mas o menos sin sobresaltos durante 30 años, tuvo que lamentar, lamentarse y lamentárselas “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, y quinto, de autor anónimo son nuestros ¡ODios! vecinos del norte. Dicho lo anterior, no habría mucho más que decir, pero hay que desquitar, ¡qué remedio! Y todavía quedan dos cuartillas por delante.

Desde luego que los contenidos y alcances del tratado o acuerdo de entendimiento, exceden con mucho el espacio de esta columneja y las entendederas de este escribidor, que amparado en la sentencia de Virgilio:

Audentis fortuna iuvat, Eneida X, 284, ques’que el destino ayuda a los audaces, se vale de ello para emborronar cuartillas. Algo se podrá decir.

Llama la atención, para que es mas que la verdad, y la llamó desde un principio que, aunque nosotros en México lo conocimos como tratado y hasta donde se sabe, lo ratificó el Senado Mexicano cumpliendo con el artículo 133 de la Constitución que claramente dice: Esta Constitución, las leyes del Congreso de la Unión que emanen de ella y todos los tratados que estén de acuerdo con la misma, celebrados y que se celebren por el Presidente de la República, con aprobación del Senado, serán la Ley Suprema de toda la Unión. Clarito dice Juan Sánchez. Para nosotros era, ¡es!, mientras el Senado no diga otra cosa, ley suprema. ¿Y el Senado?, al parecer ya pronto se instala y entonces tendrá algo que decir, espero, porque en una república democrática, representativa y federal, los poderes deben respetarse y mientras lo acordado por los negociadores no sea firmado por Enrique Peña y por el Senado, no tendrá la fuerza de un tratado.

Pero, (¡¿quién inventaría los peros?! ¿Eva o Adán o Lilith?) resulta que para los del norte, ha sido solo un “agreement” (acuerdo o convenio) no un treaty (tratado) y tienen un artículo similar al de nuestra constitución en la suya que es mas cortita y mucho menos reformada que dice: The Constitution provides that the president “shall have Power, by and with the Advice and Consent of the Senate, to make Treaties, provided two-thirds of the Senators present concur” (Artículo 2, sección 2), que básicamente expresa lo mismo. Para los güeros internamente no fue un tratado, aunque justo  es decir que la Convención de Viena sobre los tratados comprende todo tipo de acuerdos, convenios, tratados, etc., sólo que para los vecinos las reglas internacionales no son sacramentales y pueden pasárselas, como lo han hecho en multitud de ocasiones, por debajo del arco del triunfo.

Yo sospecho que la euforia de Trump se debe a que logró lo que quería. El “agreement” firmado por George Bush, queda hecho a un lado por el nuevo. Aplicando sagazmente el apotegma “divide y vencerás” sacó de la danza a Canadá que, cuando acordó, ya le habían echado de lado la tambora, y sus socios habían fijado nuevas reglas sin convidarlo al baile. Si no fuera porque lo hicieron prohombres de la Patria, del saliente gobierno y del entrante, no faltaría quien pudiera decir, citando a los clásicos, que es una gandallada. Ahora para Canadá, como lo quería Trump, no queda más que cabrestear o ahorcarse. México sucumbió a las presiones de Trump, el TLCAN pasará a mejor vida y, de pilón, como ya entró en la negociación. Aunque fuera como elemento decorativo el representante de AMLO, el nuevo gobierno no tendrá ni el recurso de patalear.

Queda por ver si el nuevo agreement responde a los objetivos que motivaron la suscripción del anterior:

  1. a) eliminar obstáculos al comercio y facilitar la circulación transfronteriza de bienes y de servicios entre los territorios de las Partes;
  2. b) promover condiciones de competencia leal en la zona de libre comercio;
  3. c) aumentar sustancialmente las oportunidades de inversión en los territorios de las Partes;
  4. d) proteger y hacer valer, de manera adecuada y efectiva, los derechos de propiedad intelectual en territorio de cada una de las Partes;
  5. e) crear procedimientos eficaces para la aplicación y cumplimiento de este Tratado, para su administración conjunta y para la solución de controversias; y
  6. f) establecer lineamientos para la ulterior cooperación trilateral, regional y multilateral encaminada a ampliar y mejorar los beneficios de este Tratado.

El TLCAN prevé en su artículo 2202, la manera de realizar adiciones o enmiendas, textualmente dice:

  1. Las Partes podrán convenir cualquier modificación o adición a este Tratado.
  2. Las modificaciones y adiciones acordadas y que se aprueben según los procedimientos jurídicos correspondientes de cada Parte, constituirán parte integral de este Tratado.

Estrictamente hablando no se requería hacer de lado todo el trabajo, toda la experiencia y todo lo positivo que pudiera haber sido para México, pero solo imperó una voluntad: “In GOLD we trust”.

 

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