Aunque promover la felicidad en una sociedad es bueno, sobrevalorar la búsqueda de emociones positivas y evitar las negativas puede tener el efecto contrario y afectar la salud mental, señala un estudio publicado recientemente por universidades de Australia y Bélgica.
Incluso, pueden favorecer la prevalencia de la depresión, señaló el sitio del World Economic Forum en su sitio www.weforum.org.
“Creemos que debemos ser felices como se espera que seamos, y cuando no lo somos, esto puede hacernos miserables”, comenta el psicólogo social Brock Bastian, autor de la investigación.
De acuerdo con el también profesor asociado de la Escuela de Ciencias de la Psicología de la Universidad de Melbourne, sentir a veces tristeza, decepción, envidia o soledad no es algo necesariamente malo. Es humano.
“En las culturas de Oriente, particularmente la budista, la gente no es más feliz que las culturas de Occidente, pero son menos depresivos”, señala Bastian, “ellos parecen tener un mejor balance del repertorio emocional”.
Bastian es uno de los autores del estudio “¿Incrementa la cultura de la felicidad la rumiación sobre el fracaso?”, que muestra que enfatizar la importancia de no tener emociones negativas tiene consecuencias negativas sobre el bienestar.
“Rumiación” es un término que en psicología se refiere a la acción de persona que no deja de pensar en lo que está mal en su vida.
En la investigación de Bastian, los participantes que experimentaron fracaso en un contexto donde el valor de la felicidad era especialmente importante tendían a pensar más en la causa de su fracaso (rumiación), lo que los llevaba a experimentar más emociones negativas.
La investigación apunta al medio ambiente o a la cultura como uno de los factores que predisponen a la depresión.
“Tradicionalmente, la investigación en depresión se enfoca en características específicas de las personas, como los genes, estilos de comportamiento, de pensamiento”, dice Bastian. “pero los hallazgos de este estudio sugieren que los factores culturales externos también son importantes”.
Una de las observaciones es que los índices de depresión son más altos en países donde se pone a la felicidad como algo prioritario.
“Más que una consecuencia de una vida bien vivida, sentirse feliz se ha convertido en una meta por sí misma”, reflexiona Bastian.
“Caras sonrientes por donde quiera en las redes sociales, y los gurús de la felicidad diciendo una y otra vez cómo debes ser feliz, refuerzan el mensaje de que debemos enfocarnos a maximizar nuestras emociones positivas y evitar las negativas”.
Es necesario desestigmatizar sentimientos considerados negativos, como la tristeza, considera el psicólogo social, y comenzar a ver que mostrarse vulnerable no es tan malo.
“Compartir esto no es para desanimarse, al contrario, nos conecta”, dice.

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