Profr. Flaviano Jiménez JIménez

La Secretaría de Educación Pública periódicamente ha cambiado los tiempos destinados al aprendizaje del alumnado; esto es, ha modificado el calendario escolar y los horarios de clase con miras de mejorar la educación. No hace mucho, el calendario lectivo era de poco más de 180 días, hoy es de 200 días. También hubo tiempos en que las cinco horas de clase de las escuelas primarias estaban divididas en horarios discontinuos: una parte se atendía de 9 a 12 y la otra de 15 a 17 horas. Los jardines de niños históricamente han tenido el horario de 9 a 12 horas, salvo en Aguascalientes que hubo un intento fallido de ampliar el horario de 8.30 a 12.30 horas. Las escuelas secundarias han tenido, con ligeras variantes, el mismo horario de 7.30 a 14 horas (en el turno matutino). Ampliar el calendario escolar a 200 días, evidentemente tuvo y tiene el propósito de otorgar más y mejor educación a los usuarios. En cambio, el hecho de haber unificado el horario de clases, de las escuelas primarias, tuvo como fin principal ampliar la cobertura educativa, pues unificando las cinco horas en un horario continuo de 8 a 13 horas, se liberaron los edificios escolares por las tardes creándose de esta forma el turno vespertino, con lo que se logró atender más estudiantes con la misma infraestructura física existente. Pasados los años, hoy cabe preguntarnos ¿con estas medidas ha mejorado nuestra educación? Salvo la mejor opinión de los padres de familia y de la sociedad en general, pero los investigadores más connotados han llegado a la conclusión que la educación ha venido desmejorando, a pesar de más tiempo escolar. Y atribuyen el bajo nivel de los aprendizajes, entre otras cuestiones, al hecho de que siempre se ha puesto mayor énfasis en la cantidad, en detrimento de la calidad; y a la masificación (grupos muy numerosos) en la atención del estudiantado. En síntesis y de conformidad con los datos obtenidos, la ampliación del tiempo para más y mejores aprendizajes no ha impactado objetivamente como eran los propósitos idealizados.

En la anterior y en la presente administración federal, hay un nuevo intento de mejorar la calidad educativa mediante el Programa de Escuelas de Tiempo Completo, hoy más conocido como Escuelas de Horario Ampliado. Sin embargo, el proyecto original de este Programa no fue expresamente para mejorar la educación. El Gobierno del Distrito Federal diseñó el Programa de Escuelas de Horario Ampliado con el fin primordial de apoyar a las madres trabajadoras: como la mayoría de ellas inicia sus labores a las 8 y sale a las 16 horas, entonces se pensó auxiliarles ampliando el horario de clases de ciertas escuelas, ubicadas estratégicamente, de manera que sus hijos permanecieran en ellas hasta las 17 horas, horario en que las madres de familia pueden recoger a sus hijos en las escuelas, una vez terminadas las laborales. En estas escuelas, de 8 a 13 horas se dan las clases normales a los alumnos y de 13 a l7 horas (después de sus alimentos) los estudiantes realizan una serie de actividades físicas, deportivas y también realizan algunas tareas académicas. Para atender las cuatro horas adicionales diarias de estas instituciones, la Dirección de Educación del Distrito Federal no tuvo necesidad de contratar nuevo personal, porque hizo trabajar a cientos de maestros comisionados en distintas dependencias, racionalizando los recursos de manera importante. Evidentemente, el Programa tenía y aún tiene fines político – electoreros. Con pleno conocimiento de los propósitos del Programa, funcionarios de la Secretaría de Educación Pública vieron en éste grandes posibilidades para mejorar la educación y por eso copiaron el esquema de ampliar el horario en las escuelas de nivel básico, generalizándolo en todo el país e inyectándole grandes cantidades de recursos. A siete años, aproximadamente, de estar operando estos planteles de horario ampliado, cabe la pregunta ¿se han notado avances en los aprendizajes de los alumnos beneficiados con este Programa?, ¿en qué porcentajes han sido los avances? Salvo la mejor opinión de los padres de familia y de la sociedad, existen datos de dos instrumentos de evaluación aplicados por la Secretaría de Educación Pública que pueden darnos luz sobre el particular: ENLACE y Olimpiada del Conocimiento. Analizando y comparando los resultados de ambos exámenes, de los últimos seis años, los datos de las Escuelas Primarias y de las Secundarias de Horario Ampliado, han venido a la baja, a grado tal que las calificaciones reprobatorias son cada vez más preocupantes. En tal virtud y en pocas palabras, más tiempo de permanencia en la escuela no ha marcado, hasta hoy, diferencia en los aprendizajes de los alumnos, los resultados así lo demuestran.

Un proyecto o un programa que se diseña para mejorar la educación, pero no da los resultados esperados, el sentido común nos dice que algo o varias cosas no están funcionando bien. Ante este orden de cosas, de inmediato debería hacerse observaciones y estudios para saber en dónde está lo que no funciona, dictar medidas correctivas y reorientar acciones y estrategias con el fin de realmente lograr los avances deseados. Darse cuenta que un programa, como el que nos ocupa, no está dando resultados y no hacer nada, o seguir haciendo lo mismo para simplemente prolongar el fracaso escolar, aparte de necedad es un cinismo y una grave irresponsabilidad porque se juega con el destino de tantas niñas y tantos niños que asisten a estas escuelas con la intención de aprender cosas relevantes para su vida presente y futura. Si hubiera interés académico para los niños y adolescentes que asisten a las Escuelas de Horario Ampliado bien vale el esfuerzo de reorientar su funcionamiento; pero si lo que interesa son números y los recursos, entonces sería mejor ponerle otro nombre al Programa.

 

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