Por Graciela Lozano

El Tianguis de las Calaveritas conjuga el pasado y el presente, en medio de una tradición que lucha por mantenerse viva.
El Heraldo de Aguascalientes llevó a cabo un recorrido por este lugar tan concurrido donde se dejaron escuchar opiniones encontradas, aceptación y negación, por parte de los visitantes.
La infancia de muchos adultos mayores se convierte en añoranza, pero el presente de los más pequeños es ahora una vivencia nueva, la cual se adapta al momento.
Pocas calaveritas de dulce han quedado, contadas frutas hechas de azúcar y pequeños féretros con hilo “saca-muerto”.

LO NUEVO Y LO TRADICIONAL. Por los pasillos se aprecian, en su mayoría, puestos de comida, prendas de vestir y juguetes electrónicos. Sólo un par de escondidos puestecitos se aferran al pasado, ofreciendo hermosos juguetes creados por manos artesanas.
Calaveritas de azúcar y barro, papel picado y altarcitos de muerto hechos con gran esmero son adquiridos por unas cuantas personas que aún apuestan por las tradiciones de antaño, sin embargo la moda rige el gusto de la gente y es la película “Coco” la que se ha encargado de sembrar en nosotros, el gusto por revivir las tradiciones que poco a poco se están extinguiendo.
Los niños y niñas piden a sus padres comprar esos elementos que vieron en la cinta de dibujos animados y dicen: “Mira, mami, como en la película de Coco”, señalando con el dedo, aquel objeto que llamó su atención y que les hizo recordar la película animada que dio a conocer por todo el mundo la riqueza cultural de estas festividades en México.
DULCE COLORIDO. Asimismo, en este lugar, es muy común ver a personas de todas las edades y diversas clases sociales, comprando flores de cempasúchil para decorar sus hogares y oficinas, otros más para participar en el concurso de altares del colegio.
Mientras emprenden el recorrido por los pasillos, los olores y el colorido de esta fiesta hacen de las suyas. No faltan las tunas que son ofrecidas al público, a través de un cartel que anuncia sus beneficios y qué decir de los dulces típicos con el alfajor, el camote, las cocadas, el ate de membrillo, la biznaga, el tamarindo y los frutos secos, esos sí que endulzan la vida.
RECUERDOS Y AÑORANZAS. La artesanía de barro es otro de los atractivos de este tianguis, sin hacer a un lado el puesto de las flores, las cuales son adquiridas por las personas que concluyen su paseo visitando a sus muertos en el Panteón de la Cruz. Es ahí donde el recuerdo de los ausentes se envuelve por el silencioso momento de la oración, pidiendo al Todopoderoso por el eterno descanso de la persona que físicamente ya no está, pero que desde el cielo, derrama sus bendiciones sobre aquél que siempre lo recuerda.
Vida y muerte son, sin duda, dos aspectos que se entrelazan en una fiesta de cultura, tradición y memoria que se hace latente en la Tierra de la Gente Buena.