Por: Itzel Vargas Rodríguez

En medio del punzante frío invernal, cerca de un millón y medio de personas salieron a las calles de París el pasado domingo, con caras tristes y pancartas en mano. Muchas de estas últimas cargadas por niños que iban en hombros de sus padres. La gente de todas las edades se estaba involucrando. Al inicio de la marcha, iban los mismísimos presidentes y representantes políticos de la mayoría de los países de Europa y otros cuantos de Asia. La razón, solidarse con el atentado terrorista que hace una semana hubo en el semanario Charlie Hebdo.

¿Se imagina el similar a la población total de la ciudad de Aguascalientes marchando por las calles debido a una causa común? De cuento… pero así fue en París. Son bastante emotivas las imágenes que diversos medios nacionales e internacionales han difundido, como la de un hombre empuñando un gran lápiz justo enfrente de una estatua que hace alusión a la libertad, o la de una mujer con una gran pancarta que dice “Soy musulmana, pero también soy Charlie”.

El ataque a este semanario de crítica política conmocionó a mucha gente, y no fue para menos, en Estados Unidos les recordó al ataque a las Torres Gemelas, en España la explosión en los trenes de la estación Atocha, en el Reino Unido el ataque al metro de Londres… y acá en México, muchos recordamos a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

Y no es que este último hecho sea precisamente terrorismo, pero sí arroja el mismo resultado y en mayor cantidad: muertos. Pareciera curioso que allá, cruzando el charco, un acto terrorista movió a muchísima gente a marchar por las calles, a abogar que “no tenían miedo” de los ataques, de la censura, de la intimidación y el resultado de ello en una semana ha sido impresionante: tanto aquella misma movilización que reunió a tanta gente y a la vez a los principales actores políticos de Europa, como el apoyo de muchas empresas internacionales de noticias hacia Charlie Hebdo, que en su más reciente edición subió de 60 mil ejemplares impresos a 3 millones, y por su demanda está siendo vendido en espacios online como Ebay por 11 mil euros (algo así como 180 mil pesos) la unidad. Qué decir de la exigencia social, en medios y en la política sobre la libertad de expresión, es el tema obligado a leer, ver, y opinar.

Llama la atención eso, los resultados. Porque con 43 personas desaparecidas, acá la reacción política tardó más de una semana desde que ocurrió el hecho, la gente sí se movilizó mucho, muchísimo en diversas partes del país y a nivel internacional, hubo mucho apoyo también a nivel mundial, pero la respuesta, esos resultados, acá siguen siendo desalentadores. Sólo se ha hablado de un normalista comprobado como muerto, se habló del decálogo de acciones federal que vino a centralizar el poder de la seguridad y justo en esta semana, un grupo de familiares y parte de los normalistas de Ayotzinapa atacó un cuartel militar de Guerrero, lo que aunque es reprobable en acción, ante la aparente pasividad del asunto, podría llegar a entenderse. Estos 43 no representan sólo el número ni el suceso, sino el ejemplo más reciente de un hecho que tras tantos años se ha estado repitiendo en todo el país, en diferentes fechas, con diferentes personas y en diversos lugares: la corrupción, impunidad, colusión del narcotráfico con la política y los miles y miles de muertos civiles que en numerables ocasiones son inocentes. Es curioso porque al ver a aquellos presidentes y altos mandatarios, marchando en las calles de París para solidarizarse y ponerse en contra del terrorismo, llega la comparativa de cómo acá muy difícilmente un político marcharía al lado de la gente pidiendo justicia, buscando medios de apoyo, intentando reaccionar lo más pronto posible ante un hecho que conmociona a la gente de todo el mundo.

La Directora Editorial del Huffington Post de España, Montserrat Domínguez, habló en una columna de opinión, justo cuando ocurrió el atentado a Charlie Hebdo, titulada “Y cómo no estar asustados” sobre lo que este ataque terrorista representaría para el gobierno: “Escojan entre seguridad o libertad”, nos dirán, mientras los recursos destinados a Defensa e Inteligencia se multiplican y adelgazan los dedicados a cooperación, educación o integración social, esas poderosas armas de civilización”…  y es que pareciera que este cuento que allá temen, tiene aquí años gestándose…

Sí, acá en México vivimos entre terrorismo, pero otro tipo de terrorismo, no ése que mata por extremismos religiosos, sino uno que trastoca continuamente la seguridad personal y la calidad de vida.

Como si hubiera sido premonición: Navegando en la red me encontré una nota de septiembre del 2012 de José Luis Martín Zavala, un colaborador de El Jueves, un semanario muy parecido a Charlie Hebdo pero de España, en donde ya se hablaba de la polémica generada por los dibujos del diario parisino sobre Mahoma y el descontento que los dibujos estaban generando, y menciona: ”‘Qué tiene que primar- nos pregunta (Charb, entonces Director de Charlie Hebdo)- la libertad de expresión o las amenazas de los fanáticos religiosos?’. La respuesta estaría clara sino fuera porque esos fanáticos son letales.”… y vaya que 2 y medio años después, fueron letales.

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