Noé García Gómez

Mañana 11 de febrero terminan, las mal llamadas precampañas ¿Pero qué nos deja esta etapa? En la última semana, observamos un sorprendente y desesperado cambio en la estrategia del candidato del PRI, José Antonio Meade; en las últimas semanas él, su partido encabezado por el francotirador Enrique Ochoa, concentran sus baterías en Ricardo Anaya candidato del PAN y no en López Obrador como lo fue en un principio, ¿Cuál es el objetivo? Sin lugar a dudas el de disputar el codiciado 2º lugar en las preferencias electorales antes de dar el banderazo de salida a la etapa de campañas.

Pero a un día de terminar esta etapa, Todo parece indicar que no está resultando. Todas las encuestas y estudios demoscópicos muestran que Ricardo Anaya no sólo se consolida en el segundo lugar, sino que el candidato del PRI comienza a caer en puntos porcentuales.

Lo anterior que está provocando que durante el receso, en esta llamada etapa de intercampañas, donde los candidatos no podrán ni promocionarse, ni salir ante medios, comenzará una operación de convencimientos a grupos y actores indecisos, sobre todo grupos corporativos que pueden movilizar apoyos. Después del receso y ya iniciada la campaña, el candidato del llamado Frente, Ricardo Anaya comience una intensa estrategia mediática para convencer el voto antilopezobrador para acortar la distancia lo más pronto posible.

Ya en la etapa final, quien se convertirá en el factótum será el presidente Peña Nieto y los poderosos grupos que representa; las últimas tres elecciones han generado la coincidencia de un pacto privado entre élites panistas y priístas para impedir la llegada de la izquierda al poder. Hoy nuevamente existe esa tesis, pero también corre el rumor (tal vez difundido por el equipo de López Obrador) que el presidente tiene hombres de confianza en el proyecto del morenista, y que los constantes enfrentamientos de Anaya con la presidencia, lo orillaron a explorar esa posibilidad.

Desde mi punto de vista, creo que es un simple rumor, difundido intencionalmente por el equipo de AMLO, al final, limarán diferencias la élite del PAN, PRI y sus aliados (PRD, MC, PANAL y PVEM) pero también se sumará Margarita, Ríos Peter y “El Bronco”, todos pública o discretamente trabajarán para impedir la llegada del tabasqueño.

Lo anterior, aunque a muchos no les guste, está entre los límites de la democracia, que un grupo importante de actores políticos se una para impedir que su rival llegue, es algo de naturaleza política, además de ser legal y legítimamente una posibilidad.

Lo que sería desastroso es, que la campaña nuevamente gire en torno al odio, al temor, a la descalificación y que provoque una polarización, igual o peor que en 2006. Que apelen a los instintos más básicos del ser humano, para incidir en la votación puede provocar una inestabilidad social.

Si ya existe un gran resentimiento social, por los incrementos en combustibles y energéticos, los escándalos de corrupción e impunidad, y la percepción de una mala gestión en aspectos internacionales que afectan directamente a nuestro país, no sólo esperemos que sea un mal humor social, sino una rabia que busque culpables.

Confío en la visión de hombres que pretenden llevar los destinos de México, y que no vale la pena un cargo, si lo que está en juego es la unidad de una nación.

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