Por J. Jesús López García

Los teatros actuales son parte de un programa cultural surgido de la Ilustración. Si bien los teatros griegos dieron pie a la celebración formal de una manera vívida de contar historias. El teatro griego era una institución que acercaba a sus ciudadanos a una manera catártica de experimentar la vida; los romanos adoptaron muchas de las formalidades arquitectónicas helénicas pero no así su esencia, la cual fue cambiada para adaptarse a la idiosincrasia urbana romana, más práctica y apegada al entretenimiento.

Seguramente durante la Edad Media hubo representaciones de algún tipo pero fue hasta los inicios del Renacimiento cuando la dramaturgia volvió a tomar el vuelo que había conservado durante la Antigüedad. Todavía se puede asistir a una obra shakesperiana en Londres en una reproducción arquitectónica de los que fue el teatro de William Shakespeare (1564-1616), “El Globo”. Los teatros en que se representaba la obra de Lope de Vega (1562-1635) y luego en tiempos de Jean-Baptiste Poquelin, mejor conocido como Molière (1622-1673) y demás dramaturgos posteriores eran parecidos. Pero fue en los siglos XVIII y XIX cuando el teatro moderno inició su trayecto hasta lo que hoy es.

Debido a la democratización creciente de espacios para disfrute público, los sitios para el aprecio de las artes, el entretenimiento y para el “sano” ocio se depuraron en formas, funciones y técnicas constructivas. Los teatros fueron admitiendo más personas y sus usos haciéndose más versátiles. Aunque hay salas de música especializadas, por lo general los teatros modernos sirven para conciertos, representaciones teatrales y toda una gama de actos diversos.

En el caso de Aguascalientes, fue el Teatro Morelos levantado entre 1883 y 1885 y proyectado por el arquitecto José Noriega (nacido en la Ciudad de México en 1826), el primero en adaptarse a la variedad de funciones que los teatros modernos pueden proveer, además de ser la sede de la Convención Revolucionaria de 1914. A partir de ello varias salas fueron realizadas bajo la configuración del teatro moderno, a veces llamadas “auditorios” pues el papel de la audiencia ha sido un protagonista de esos espacios. El teatro de la Clínica 1 del Instituto Mexicano del Seguro Social o el Auditorio “Pedro de Alba” de la Benemérita Universidad Autónoma de Aguascalientes, son ejemplos de lo anterior, sin embargo es el Teatro Aguascalientes el último de los grandes espacios teatrales construidos en nuestra ciudad y en uso -la sala de música aún no abre sus puertas-.

El Teatro Aguascalientes construido a inicios de la década de los 90 del siglo pasado por el Gobierno del estado e inaugurado el 3 de octubre de 1991, ocupa una porción de lo que fuera el terreno del antiguo aeropuerto, hoy Parque Landeros. El proyecto es del arquitecto Abraham Zabludovsky (1924-2003), autor junto con su antiguo socio Teodoro González de León (1926-2016), de un acervo de proyectos y obras importantes para la historia de la arquitectura mexicana del siglo XX e inicios del XXI.

Ambos arquitectos autores entre otras obras de la remodelación del Auditorio Nacional, poseen en su catálogo de obras y proyectos no pocos teatros y auditorios, por lo que el nuestro es parte de esa familia de edificios nacionales.

Los edificios del arquitecto Abraham Zabludovsky, de los que forma parte nuestro teatro, corresponden a una tendencia moderna de corte filo prehispánico donde los macizos prevalecen sobre los vanos, en oposición al Movimiento Moderno más ortodoxo. El repertorio formal involucra algunos taludes y paños rectos horizontales a la manera de tableros, eso en referencia a la monumentalidad arquitectónica mesoamericana rematada de manera simétrica en el caso aguascalentense por una celosía que introduce luz al gran vestíbulo, el cual distribuye a los asistentes a cada una de las zonas.

Parte del lenguaje formal del arquitecto Zabludovsky, hermano mayor de Jacobo, el periodista, y de su antiguo socio González de León, era el juego de texturas provocado por el concreto martelinado. Esto consiste en elaborar concretos con agregados pétreos diversos -en Aguascalientes se eligió una piedra rosada- y luego martelinar -que es martillar la superficie con un pico metálico llamado “martelina”-; el resultado es una superficie porosa que disimula cualquier imperfección de una cimbra que de ser aparente sería demasiado costosa. La apariencia de los edificios en esas masas grandes es tersa y produce un contraste de sombras y luces que potencian más el carácter monumental del edificio. De su capacidad general podemos mencionar que cuenta con un aforo de 1,589 localidades, de las cuales 1,070 son en luneta, 459 en primer piso y 60 palcos.

A veintiocho años de realizado el Teatro de Aguascalientes, el edificio continúa siendo el teatro principal de la ciudad. Es una pieza arquitectónica perteneciente a una tendencia nacional muy característica de la modernidad tardía en nuestro país. Con el edificio la ciudad ha visto diversificarse y enriquecerse su oferta cultural, sede de la Orquesta Sinfónica del estado, es el lugar de los principales eventos culturales de nuestra entidad.

Sin duda alguna, el Teatro Aguascalientes forma parte de los conjuntos arquitectónicos de mayor envergadura en la ciudad acalitana.