Noe García Gómez

Estamos en plena campaña electoral y los políticos en todos los ámbitos buscan la tribuna para tener algunos minutos de “fama”; el problema es cuando toman a uno de los tres Poderes y lo utilizan con ese fin mediatista.

Lo vimos la semana pasada con la aprobación de la eliminación del fuero, todos los partidos y sus respectivos candidatos se quisieron colgar una medalla, emergida de lo que llamo yo el populismo legislativo.

¿Por qué lo digo? La supresión de fuero se hizo de manera precipitada y oportunista, corriendo el riesgo que titulares de los Ejecutivos vean multiplicado su poder sobre legisladores y otros políticos como presidentes municipales.

El especialista Diego Valadez sentencia “la supresión del fuero no equivale a acabar con la impunidad, todos estamos a favor de combatir la impunidad, pero lo que se aprobó en la Cámara de Diputados es solo una medida para distraer la atención y eludir el fondo del problema llamado corrupción” y agrega “La supresión del fuero de altos funcionarios es simple maquillaje para evitar lo que sí importa: que el Congreso los pueda destituir cuando no den resultados”

Además, ¿cuál es el temor por parte de los diputados de ejercer una función que sí les toca? La de iniciar juicio político y destituir representantes populares por actos de trascendencia. El problema es que, todo se actúa de manera mediática, electoral y partidista; no viendo por el beneficio colectivo. Eso que se aprobó sí se acerca más a las condiciones que tanto temen de Venezuela.

Es por cosas como esa que uno de los órganos más desprestigiados y de los cargos públicos con mayor desaprobación es el Poder Legislativo y los legisladores respectivamente, ya sean senadores, diputados federales o locales, la ciudadanía los ubica como sinónimo de derrochadores, faltos de ideas, poco preparados, fanfarrones y flojos.

Un órgano fundamental en la construcción de un Estado Nación, un colectivo que tendría que ser un real contrapeso en la separación de poderes se ha ido desprestigiando por la mayoría de los que han integrado e integran las Cámaras.

El populismo legislativo es algo que está corroyendo a las legislaturas mexicanas. Políticos que llegan a un cargo legislativo, buscan sembrar ocurrencias para cosechar popularidad o quedar bien con grupos de fans de causas leoninas, por medio de una legislación absurda, errática, costosa, que no beneficia al colectivo y que muchas veces afecta derechos de terceros, para esto se requiere ser cínico o ignorante, la mayoría de las veces es una mezcla de ambas.

Legislar tiene que ser un acto de responsabilidad. Hoy tenemos la herramienta para sanear estos órganos; nuestro voto.

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