Para mi Guadalupe y todas las demás.

POR: OCTAVIO DÍAZ G. L.

@octaviodiazg

En estas turbulentas semanas de otoño han surgido voces muy diversas llamando a la calma y a dar cauce por la vía pacífica al enojo de buena parte de la sociedad. Por ejemplo, en relación con los 46 normalistas asesinados en septiembre, el presidente Peña convocó a los guerrerenses “… para que vayamos hacia delante y podamos realmente superar este momento de dolor…”. Pero superar lo que está pasando no quiere decir resignarse u olvidarlo.

Cuando escribí hace unas semanas mi artículo “Llueve sobre mojado” (12-10-14, El Heraldo), no pensé que se fuera a convertir en diluvio. A la ya larga lista de sucesos como Tlatlaya, Ayotzinapa, el movimiento del Politécnico, la “casa blanca”, la cancelación de la licitación del tren México-Querétaro y la otra casa de Las Lomas, ahora se suman las malas noticias económicas derivadas de la caída espectacular en los precios del petróleo y la probable subida de las tasas de interés en Estados Unidos que conllevan: una caída en los ingresos de Pemex y por lo tanto, del gobierno; el desaliento de los inversionistas, ya que hará menos rentables o inviables algunos de los yacimientos de gas y petróleo que se están ofreciendo a la explotación privada; la devaluación del peso que ha superado los 15 pesos por dólar; el crecimiento de la deuda del gobierno al disminuir los ingresos por petróleo o, lo que es más improbable, la disminución del gasto público para compensar la caída en ingresos; y el aumento de la inflación. A ello se añade la reciente noticia en The Wall Street Journal acerca de la casa en Malinalco que le financió el Grupo HIGA (Ver “La casa blanca…”, 23-11-14, El Heraldo) al Secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

¿Cómo superar estos acontecimientos? Las medidas tomadas hasta ahora no han funcionado. La estrategia del silencio, que fue eficaz hasta mediados de septiembre, ya no sirve en esta coyuntura. Como mencionaba en un artículo anterior, la propuesta del Presidente para atender el problema de la inseguridad tampoco es suficiente en el corto plazo. Puede tomar meses o años poner en marcha dichas reformas. La apuesta para que el tiempo restañe la fractura social que se ha mostrado en estos días, probablemente tampoco funcione.

El historiador Enrique Krauze propuso en un artículo en The New York Times que el presidente Peña “…encare a la nación, reconozca sus errores y ofrezca una disculpa al pueblo mexicano”. No sé si las disculpas resuelvan el problema de credibilidad y liderazgo. La opinión pública ya está en extremos de cinismo que lo que diga el Presidente, y más en ese sentido, quizá sea objeto de mofa. Pero ciertamente honraría al Presidente el reconocer errores y pedir disculpas.

En todo caso la inacción es lo menos recomendable. Considero que se podrían tomar acciones inmediatas en tres vertientes: justicia para los asesinados en Ayotzinapa y Tlatlaya, recuperación de seguridad en los territorios más afectados por la delincuencia y aclarar casos de corrupción o conflicto de interés. Algunas medidas podrían ser:

  1. Llevar a juicio a la brevedad posible a los culpables de los crímenes de Iguala y Tlatlaya para que se les castigue con la severidad que amerita el caso.
  2. Mostrar resultados tangibles en los operativos de Tierra Caliente demostrando que disminuyó el número de homicidios, que se encarcelaron a las bandas que se disputan la región y que disminuyen secuestros, extorsiones y robos medidos con estadísticas confiables. Lo mismo para el operativo en Michoacán donde la situación sigue frágil.
  3. Recuperar el libre tránsito a cualquier hora en las principales carreteras y ciudades del estado de Guerrero.
  4. Poner en orden a la CNTE para tranquilizar a Michoacán, Oaxaca y Guerrero aplicando con firmeza la Ley.
  5. Aclarar, no simplemente negar, los posibles conflictos de interés del Presidente y el Secretario de Hacienda con el Grupo HIGA dando más información de las operaciones cuestionadas, con detalles patrimoniales y de ingresos.
  6. Hacer pública –con todo detalle– las declaraciones patrimoniales del gabinete ampliado. Que manifiesten posibles conflictos de interés como los obliga la Ley de Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos para que se excusen de actuar en esos casos o para que renuncien si les impide desarrollar sus tareas.
  7. Fortalecer las licitaciones para evitar que estén dirigidas, reforzando esos procesos con informes de testigos sociales prestigiados y transparentando los criterios de elección de los proveedores ganadores.
  8. Evitar las contrataciones por la vía de invitaciones a cuando menos tres proveedores, como en el caso del proyecto del aeropuerto de la Cd. de México, o adjudicaciones directas o licitaciones con un participante para obras de esa magnitud.
  9. Que la Auditoría Superior de la Federación realice una auditoría a la licitación del tren México-Querétaro y comprobar que no se la haya pagado indebidamente ninguna cantidad al consorcio que participó en dicha licitación.
  10. Inhabilitar a Grupo HIGA para que ya no siga participando en licitaciones federales. Seguramente podrán encontrar elementos para hacerlo.
  11. En caso necesario, como dice Krauze, encarar a la nación, reconocer errores, pedir una disculpa y corregir la situación.

Ni el silencio, la negación, la evasión o la resignación harán que se superen los problemas que han surgido. Para que no sea un “Otoño del Presidente” en plena “Primavera del Sexenio” tendrán que hacer algo pronto.

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