Las creencias religiosas, los prejuicios y el desconocimiento en general pueden impedir que las personas se conviertan en donantes de órganos.
¿Qué ideas están detrás de la reticencia a salvar póstumamente una vida?

MITO 1:

NO CREO TENER BUENA SALUD
Cualquier persona debiera considerarse donante potencial de primera instancia hasta que médicamente se compruebe lo contrario.
Esto debido a que, a pesar de lo que se pudiera pensar, muy pocas condiciones son las que evitarían que sea donante fallecido, como una infección de VIH, un cáncer activo o una infección sistémica, por ejemplo.
“Cuando la familia no quiere o están muy temerosos te dicen ‘es que yo tuve hepatitis o a mí me pasó esto’, nosotros le decimos ‘aquí lo que importa es ¿quieres o no quieres donar?'”, afirma Alejandro Valdés Cepeda, Jefe del Servicio de Nefrología del Hospital San José.
“Nosotros hacemos una evaluación súper completa y ya decidimos si se puede o no; es más, hay gente que quiere donar y no se puede, y es por ejemplo porque tiene un quiste en un riñón o es portador de hepatitis B o C, pero es raro”.

MITO 2:
SOY DEMASIADO VIEJO O DEMASIADO JOVEN
La salud de los órganos no se relaciona con la edad de la persona; de la misma manera que puede haber alguien de 40 años con un riñón inservible, puede existir uno de 90 con uno saludable.
“La regla era que hasta los 60 años, porque después la viabilidad del órgano dura menos, pero ya no hay un corte específico, ya no hay una contraindicación, todo depende de las condiciones en las que esté la persona”, explica Valdés.
“En donadores fallecidos, hace poco tuvimos un riñón de 72 años y allí está el paciente, está perfecto. En donador vivo es diferente, sí hay ciertas condiciones, como si tienes hipertensión arterial o diabetes”.

MITO 3:
SI SOY DONADOR ME DEJARÁN MORIR
La única y verdadera prioridad de paramédicos y equipo de urgencias en un hospital es salvar la vida de la persona y, a pesar de creencias generalizadas, no existe manera de que sepan que es donador o no hasta después de que se ha hecho todo lo posible por salvarlo y se ha consultado con la familia.
“Yo soy donador, mi familia sabe que yo soy donador, entonces ¿tú crees que yo lo haría si sé que me van a dejar morir?”, cuestiona Valdés.
“Los paramédicos ni siquiera saben de trasplante porque ni siquiera están en los hospitales, no tienen conexión con los programas de trasplante. Ellos salvan la vida de la persona, hacen lo que tienen que hacer, ¿crees que van a buscar la credencial y decir ‘ah, éste es donador?'”.

MITO 4:
SE PUEDE COMPRAR LUGAR EN LA LISTA DE ESPERA
No importa la edad, raza ni clase social, la posición en la lista de espera únicamente considera factores como el tipo sanguíneo, urgencia médica, ubicación geográfica y tiempo de espera.
“Hay un sistema nacional de trasplante y todos los pacientes que se van a trasplantar por vía de un donador fallecido tienen que estar en lista de espera a nivel nacional, si no no se pueden trasplantar”, explica.
Una vez en la lista nacional, la asignación se hace de acuerdo a la compatibilidad del órgano con el posible beneficiario.
“Al hospital al que llegue debe tener un programa de trasplantes y un comité. A mí me hablan ‘aquí tengo un donador B Positivo’, yo veo mi lista y veo cuál es el primer lugar, ¿está en condición? Si no, el que sigue, se hace con el puro tipo de sangre”.

MITO 5:
MI RELIGIÓN NO PERMITE DONACIONES
Aunque pueden haber diferentes opiniones, la gran mayoría de las religiones en México y Estados Unidos apoyan la donación de órganos y lo ven como un acto final de amor hacia el prójimo.
“Estuve en el congreso mundial de trasplantes en Roma en el 2000 y el Papa Juan Pablo II fue a dar un discurso bien bonito sobre trasplantes. Todas las religiones lo aceptan, yo he trasplantado hasta a Testigos de Jehová”, asegura el nefrólogo.

MITO 6:
LA COMUNIDAD LGBT NO PUEDE DONAR
No existe ninguna contraindicación para que los miembros de esta comunidad sean donadores, lo que importa, como en cualquier otra persona, es el estado de salud del órgano.
“No es una contraindicación absoluta, es relativa. Si es donador vivo no es (contraindicación), porque tienes muchas maneras de hacer análisis y darte el tiempo para revisar. En un donador cadavérico es más difícil…, sí pudiera ser, pero no necesariamente”, señala el especialista.
A las personas que hayan tenido comportamientos de riesgo como haber estado en la cárcel, usado drogas intravenosas o tener contacto sexual con miembros de la comunidad LGBT se les realizan los mismos estudios para descartar enfermedades y se pregunta al potencial receptor si acepta o no, asegura Valdés.

MITO 7:
DONAR UN RIÑÓN NO ME DEJARÁ TENER UNA VIDA NORMAL
Para los donadores vivientes de riñón no existe un riesgo ni de la operación ni del tiempo posterior a ésta, especialmente cuando se lleva un estilo de vida sano.
“Si eres una persona sana puedes vivir toda tu vida sin problema, 30, 40, 50 años. A veces los familiares dicen: ‘tengo miedo de donar’ y ¿qué haces?, me fumo una cajetilla diaria y me tomo dos cervezas diarias, pues eso te va a matar, eso es más peligroso que donar un riñón”, indica.
El miedo por la cirugía en sí también puede ser una limitante para muchos, pero de acuerdo con el especialista, se corre el mismo riesgo que cualquier otra cirugía común, como de apéndice, por ejemplo.
“Ahora lo hacemos por laparoscopía. Tenemos 14 años sacando los riñones así y es mucho más beneficio para el donador, porque es una herida chiquitita, duele menos y se va más rápido a su casa y no hay ningún impedimento para hacer su vida normal”.

MITO 8:
SI ESTOY EN COMA ME PUEDEN SACAR LOS ÓRGANOS
Los donantes fallecidos de órganos son personas a las que se les ha declarado muerte cerebral, es decir, con una lesión del sistema nervioso irreversible que legalmente lo categoriza como alguien muerto, a diferencia del estado de coma, del que mucha gente se puede recuperar, aclara el nefrólogo.
“El paciente con muerte cerebral no respira por sí solo, no tiene ningún reflejo, el paciente en coma sí respira solo, hay mucha diferencia”.
Sólo cuando se confirma la muerte cerebral y se anota la hora de muerte, la donación de órganos se hace posible, añade.
“Cuando ese paciente tiene muerte cerebral, el médico debe decirle a la familia que está muerto, en ese momento se le dice que hay un comité de trasplantes que lo van a entrevistar, si la familia se niega a donarlos, se les entrega el cadáver”.