MONTERREY, N. L.- Cuando Rob Manfred reemplazó a Bud Selig como comisionado de Grandes Ligas en 2015, una de sus prioridades era que el espectáculo ofensivo aumentara. Hasta el momento, sus planes van en dirección contraria.
Por primera vez en la historia, en el primer mes de temporada se registraron más ponches (6,656) que hits (6,360), algo que, de continuar así, resultaría en la primera campaña con más chocolates que imparables.
“Un mes es una muestra bastante pequeña y esperamos que el fenómeno de abanicados que exceden los imparables sea una anomalía que no persistirá en el transcurso de la campaña”, declaró Manfred hace unas semanas.
Sin embargo, hay muchos motivos para pensar que esta tendencia se mantendrá.
El año pasado, los bateadores se poncharon en el 21.6 por ciento de sus apariciones en el plato, un récord de la Gran Carpa. Este calendario, el promedio ha aumentado a 22.6 por ciento y, de sostenerse, sería el undécimo año seguido en que se incremente.
Los porcentajes de bateo han caído, de .269 en 2006, que fue el primer año en que las Mayores instituyeron su política antidopaje, a .246, hasta antes de los juegos de ayer. Sería el promedio más bajo desde 1972.
Hoy en día, los bateadores enfrentan a más pitchers especialistas. En 2006, los equipos usaron 3.85 lanzadores por juego, mientras que esta temporada el número ha aumentado a 4.33, el más alto de la historia.
Existe una nueva generación de aporreadores que fueron enseñados a buscar el jonrón en cada swing, por lo que los serpentineros evitan más seguido la zona de strike. En 2006, lanzaron en conjunto el 52 por ciento de sus pitcheos en la zona, pero en 2018 el promedio ha disminuido a 43.4.
Además, hace 12 años, los bateadores abanicaron el 23.1 por ciento de las pelotas que no eran strikes; este año lo han hecho el 29.6 por ciento.
Por si fuera poco, los ampayers se han vuelto mejores en marcar strikes. Hace 10 años, menos del 75 por ciento de los lanzamientos en zona buena eran señalados strikes, pero esta temporada ha aumentado al 86 por ciento, al tiempo que los pitchers han provocado más swings en blanco que nunca (10.7 por ciento).
Mientras esto continúe, el mejor beisbol del mundo, ávido de nuevos aficionados, no sólo perderá más fans, sino que se convertirá en la Liga del ponche. (Staff/Agencia Reforma)

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