Evlyn Cervantes
Agencia Reforma

Siete años atrás, María de la Luz Ayala Leyva despertó con un movimiento anormal que hacía que su lengua girara sin control. «Cuando me levanté sentí que mi voz ya no era normal y empezó mi lengua a girar y a girar. Cada que giraba yo me mordía».
El padecimiento de la comerciante de 83 años, originaria de Tulancingo, Hidalgo, ya es atendido en la Clínica de Movimientos Anormales del Hospital de Especialidades del IMSS del Centro Médico Nacional La Raza.
Ahí recibe inyecciones de toxina botulínica del tipo A, un medicamento que ayuda a frenar los espasmos musculares.
El neurólogo Salvador José Santa María Molina, encargado de la clínica, le administra el medicamento desde 2010. De no aplicar la dosis a la paciente cada cinco meses, su lengua puede volver a girar de manera incontrolable y provocarle lesiones en la boca.
Julieta Baños Ayala, hija de la paciente, cuenta que el diagnóstico no fue fácil.
«La lengua le giraba como un trompo, le bailaba y bailaba. Ella se mordía al comer, por lo que sus alimentos ya eran puros licuados. La llevamos a urgencias y pasaron unos dos meses hasta que nos mandaron a esta clínica», recuerda.
El giro involuntario de la lengua de María de la Luz, explica el neurólogo, pertenece a los movimientos anormales clasificados como distonías, un subgrupo de enfermedades neurológicas que se caracterizan por fallas en el cerebro que condicionan la movilidad de alguna parte del cuerpo. Aunque se pueden presentar a cualquier edad, son más frecuentes en los adultos.
En la mayoría de los casos, son desconocidas las causas, pero las patologías más comunes son en la mandíbula, los ojos o el cuello, como mostró con algunos videos ilustrativos en su computadora, entre ellos el de una joven cuyo párpado izquierdo se cierra y se abre constantemente sin control.
Los pacientes mayores de 50 años pueden presentar tortícolis espasmódica, en la cual los músculos del cuello se contraen de forma anormal. Su cuello podría torcerse involuntariamente y hacer que su cabeza quede inclinada hacia un lado, generando dolor e incapacidad laboral.
«Es muy importante diagnosticar esto, hay muchas personas que andan por ahí sin saber que existe  tratamiento y que lo tiene el Seguro Social», indica Santa María.
Normalmente, subraya, las personas catalogan los movimientos involuntarios como un tic.
En México no existe una estadística de estos casos, pero en 2016 la Clínica de Movimientos Anormales realizó mil 200 aplicaciones de toxina botulínica.