Guadalupe Ponciano Rodríguez, directora del Programa de Investigación y Prevención del Tabaquismo de la UNAM, impartió conferencia en la UAA donde alertó que entre las niñas de 13 a 15 años se ha disparado exponencialmente el hábito de fumar, pues mientras en edad adulta se estima que hay más de dos fumadores hombres por cada mujer, entre los adolescentes esta relación es de uno a uno, según datos de la Encuesta Nacional de Adicciones, lo cual enciende un foco rojo, porque a nivel nacional se calculan más de 17 millones de féminas adictas al consumo de tabaco.
Indicó que este comportamiento al alza es multifactorial, pues las empresas tabacaleras ven a las mujeres como un objetivo importante, por lo cual su mercadotecnia se ha enfocado en los grupos femeninos, hay cigarros hechos especialmente para las mujeres, que le dan importancia a la delgadez, así como la introducción de cajetillas en color rosa. Añadió que además hay factores como el empoderamiento, pues el consumo de tabaco se relaciona con la aceptación social y la conquista de espacios que anteriormente eran masculinos.
Ponciano Rodríguez señaló que esto es preocupante, pues el tabaquismo tiene un mayor impacto, y más agresivo, en el organismo de la mujer, ya que su sistema respiratorio es más pequeño, lo cual podría desencadenar un enfisema pulmonar más rápido y con una mejor cantidad de consumo de cigarros respecto que el hombre. Además, les cuesta más trabajo dejar el hábito que al hombre, pues el síndrome de abstinencia es más intenso respecto al género masculino, esto debido al ciclo menstrual y ciertos impulsos hormonales.
Por otro lado, destacó que las principales afecciones en el organismo de una mujer fumadora, el tabaco provoca la reducción entre un 15 y 20% de la fijación del calcio en los huesos, lo cual provoca osteoporosis y que sea una posible víctima de fracturas y pérdida de piezas dentales, disminuyendo de esta manera la calidad de vida.
Por último, la directora del Programa de Investigación y Prevención del Tabaquismo de la UNAM explicó que el organismo femenino cuenta con cierta protección cardiovascular, sin embargo al llegar a la etapa de la menopausia, donde los niveles de estrógenos disminuyen, se pierde esta protección, por lo cual una mujer fumadora post-menopáusica es más proclive a sufrir infartos o embolias, aunado a que sus niveles de triglicéridos y presión arterial se incrementan considerablemente.