RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Murió Stephen Hawking, quien gracias a un dispositivo electrónico proporcionado por un fabricante de computadoras, Apple, es que podía expresar su complejo pensamiento. La muerte de Hawking fue anunciada la noche del martes, después de las 10 de la noche, tiempo de México. La muerte de este astrofísico británico a los 76 años, abre un enorme hoyo negro, sin duda, pues él nos acercó al universo desde una silla de ruedas, dejando al mundo un legado imborrable.

Stephen Hawking pudiera considerarse un rockstar de la astrofísica, un personaje que caló profundamente en nuestra conciencia colectiva, porque de alguna manera tomó el manto de símbolo de la pasión por entender, por conocer, que estaba en manos de Einstein y que curiosamente tuvieron búsquedas similares; fue un continuador de la imagen del conocimiento. Cuando se habla de símbolos en términos de mitos se habla de arquetipos. El arquetipo del sabio, el arquetipo del conocimiento, la aspiración de desear conocer estaba encarnada en Einstein y luego encarna también en este gran personaje que tenía en común con Einstein la búsqueda de entender si más allá de las apariencias podría todo el universo estar unificado. Esta era la gran idea que buscaba Einstein, no se pudo cumplir en sus tiempos; la prosiguió de alguna manera éste gran personaje Stephen Hawking en lo que llegó a formular como la teoría del todo. Él decía que el santo grial de la física se daría cuando pudiéramos entender el nivel más profundo de la naturaleza, una ecuación que nos pudiera explicar todas las fuerzas de la naturaleza. De hecho en una película muy interesante que se llama precisamente “La teoría del todo”, se narran las vicisitudes de su vida, el momento en que encuentra a su pareja, los problemas que van apareciendo cuando la enfermedad progresiva va desarrollándose, pero en el momento en que encuentra a la que sería su esposa ella le pregunta qué es un cosmólogo, y él le contesta: “Es la religión para ateos inteligentes”. Y entonces ella le hace otra pregunta que me parece muy interesante: “¿Y a que le rezan los cosmólogos?” Y Stephen Hawking le dice: “A una ecuación que pudiera explicar todo lo que existe, todas las fuerzas de la naturaleza”. Ese era el tamaño de la ambición y del deseo de alguien que quiso explorar los límites, las fronteras del universo. Estamos hablando por ejemplo que sus exploraciones sobre todo se centraban en torno a los hoyos negros, pero también el Big Bang, con ideas muy audaces, novedosas, que realmente revolucionan el conocimiento en su gran amigo Roger Penrose, astrofísico también, en un texto póstumo que acaba de publicar y que precisamente plantea que lo que estamos viendo con Stephen Hawking es el triunfo de la mente sobre la materia y sobre la imposibilidad física cuando él fue diagnosticado con cero posibilidades de ser una persona normal cuando sus expectativas se redujeron a cero, en ese tiempo él tenía 21 años y sobrevivió 55 años, eso dice todo lo que ha pasado desde entonces. Lo dijo alguna vez: “Fue un para mí un enorme bono. He vivido con la perspectiva de una muerte inminente durante los últimos 50 años -lo dijo hace cuatro años-, no tengo miedo a morir, pero no tengo prisa por morir, hay muchas cosas que quiero hacer antes, la raza humana necesita un desafío intelectual, debe ser aburrido ser Dios y no tener nada que descubrir”. Hawking tenía además un excelente sentido del humor, de hecho para mí hay dos imágenes que de alguna manera capturan este deseo de entender a pesar de las limitaciones, limitaciones que tenemos como seres humanos en general porque con los aparatos con los que contamos, con nuestros instrumentos sensoriales no llegamos a ver más lejos de lo que deseamos ver, y sin embargo hemos podido explorar las orillas del universo en lo que se conoce como el Big Bang, acercarnos a lo que ocurrió hace 13 mil 800 millones de años, y cómo dice con humor. Lo interesante de éste hombre creo que queda atrapado en dos imágenes que me quedan muy vivas: Un programa que él de alguna manera condujo, que trataba de la exploración del universo, el programa siempre empezaba con un vidrio en el que estaban escritas unas ecuaciones y en el fondo del vidrio la cámara iba viajando y encontraba la imagen de Stephen Hawking sentado en su silla de ruedas, prácticamente sin poder tener ningún movimiento y la cámara se iba hasta ver que lo qué se movía era la mirada, en la mirada se le encontraba toda la inteligencia, ahí se encontraban las estrellas, se encontraba el cosmos, una maravillosa manera de describir quién era Stephen Hawking. Él no podía mover el cuerpo, pero el movimiento y la libertad se daban en una inteligencia que podía viajar muy lejos. Y la otra imagen que también me parece muy hermosa tiene que ver con la experiencia que tuvo en un simulador espacial, en gravedad cero, que le permitió salir de su silla de ruedas y flotar en el espacio, y cuando uno ve la sonrisa que se refleja en esa mirada uno se da cuenta que en Stephen Hawking siempre estuvo viva la curiosidad de un niño, de hecho en una entrevista que le hicieron él decía que los niños preguntan cómo funcionan las cosas y por qué, y frecuentemente se les dice a los niños que esas son preguntas estúpidas, y decía, eso lo suelen plantear los adultos que ignoran las respuestas y que no quieren verse como tontos admitiendo que no saben. Es muy importante decía Hawking que los jóvenes mantengan su capacidad de asombro y sigan preguntando por qué. Y él decía memorablemente: “Yo mismo soy un niño en el sentido de que sigo buscando”. Él era un ferviente seguidor de los Simpson y apareció incluso en un capitulo en mayo de 1999, que se tituló: “Salvaron el cerebro de Lisa”. A Hawking le interesaba estar en contacto con los niños de hecho él junto con su hija Lucy escribieron un libro con un título muy sugestivo: “La clave secreta del universo”. Un libro para niños en el que hay una aventura y que está rodeada de todos estos elementos de ciencia que despiertan la curiosidad y la capacidad de asombro. Lo que me parece importantísimo en este hombre, es que nos vuelve a recordar esto que nos planteara Blaise Pascal: “En el universo el ser humano no es más que una pequeña caña, un pequeño filamento en medio de todo el vasto universo, y sin embargo es una caña pensante”. Y cuando vemos las condiciones extremas en las que vivía esa caña pensante que se llama Stephen Hawking, nos damos cuenta lo que quiere decir el vuelo de la imaginación que pudo desplegar en el conocimiento de la ciencia.

Stephen Hawking a pesar de sus tremendas limitaciones físicas, que no mentales, mostró su gran humor cuando demostró que podía cantar e interpretó Galaxie Song, del grupo humorístico Monty Python, para mostrar el significado de la vida. Es un clásico de la comedia de 1983. Ahí mostró esa curiosidad de niño que compartía por cierto con el libro llamado “El nuevo traje del emperador”, ese relato en el que el emperador, como con las fake news, le están diciendo con noticias falsas que le han bordado el mejor traje pero realmente está desnudo y nadie se atreve a decir que el rey está desnudo. Los niños se atreven a decir que el rey está desnudo y algo de esto tenía Stephen Hawking cuando veían las grietas que todavía hay en el conocimiento científico y planteaba: “Aquí todavía nos falta seguir, investigando, seguir ahondando, seguir preguntándonos”. Y esto me parece fundamental, una labor prácticamente detectivesca, pero con esa curiosidad de niño que siempre le acompañó. Una curiosidad que le permitía hacerse las preguntas que a veces no queremos hacernos porque se supone que van más allá del problema de la ciencia. Él tenía una curiosidad por la posibilidad de ver si se encontraba vida extraterrestre, en fin, estas preguntas que realmente nos plantean cual es nuestro lugar en el cosmos. Y en este marco él planteaba que el universo no sería gran cosa si no fuera el hogar de la gente a la que uno ama. Esto me parece que retrata de cuerpo entero a Stephen Hawking. Él decía: “Hay que mirar a las estrellas y no mirarse a los pies”. Una coincidencia de la vida, aunque en lo personal no creo en las coincidencias, es que murió Stephen Hawking a la misma edad que Albert Einstein, a los 76 años, y Hawking muere el mismo día que Einstein nació. Descanse en paz este genio, una de las mentes más brillantes en toda la historia de la humanidad.