Muchas veces hemos creído que nuestro sistema electoral es poco democrático y/o poco eficiente; sin embargo, pocas veces hemos sido conscientes de que contamos con uno de los organismos electorales más profesionales del mundo. Lo anterior, viene a colación tras el fiasco acontecido en Iowa hace unos días como parte de la primera contienda primaria electoral del partido demócrata de nuestro país vecino, Estados Unidos de Norteamérica.

El pasado lunes, se llevó a cabo el “caucus” demócrata en el que sus resultados preliminares tardaron más de 24 horas de retraso ya que existieron algunos problemas técnicos e “incongruencias” en los datos recibidos según manifestaron sus organizadores, siendo así, que este primer encuentro se realiza bajo un esquema primitivo en el cual los ciudadanos votan en asambleas a mano alzada y se aglutinan bajo pancartas de su candidato favorito; sin embargo, este arcaico modelo mostró grandes sorpresas tras el retraso, ya que Peter Paul Montgomery Buttigieg dio la sorpresa al obtener un resultado favorable con un poco más del 26% de los delegados, seguido de quien parecía ser el favorito, el senador Bernie Sanders con un 25%; seguido de la senadora Elizabeth Warren en tercer lugar con un 18%, seguida también sorpresivamente en cuarto lugar del ex vicepresidente Joe Biden y la senadora Amy Klobuchar en quinto lugar.

La importancia de Iowa se debe a que, si bien es un Estado que sólo elige a 41 de los 1,991 delegados necesarios para ganar la nominación demócrata, es un Estado que representa mediáticamente ganar la primera batalla interna y genera una redistribución en los apoyos y las donaciones hacia los candidatos.

El Partido Demócrata se encuentra en la búsqueda del perfil que pueda derrotar a Donald Trump tras la fallida estrategia del impeachment (también comentada anteriormente en este espacio) que hace unas horas fue desechado por completo en el Senado Estadounidense y con ello, el Presidente Trump fue absuelto de todos los cargos que se le pretendían imputar para dejarlo fuera de la silla presidencial.

Ahora, parece ser que los demócratas encuentran algo de esperanza y fortaleza en dos perfiles; Peter Paul Montgomery Buttigieg, quien cuenta con la experiencia de ser alcalde una ciudad de no más de 100,000 habitantes pero que se escuda bajo el tono conservador y religioso; mientras que por el otro lado se encuentra el Senador Sanders, que nuevamente busca llegar a esa preciada oportunidad a pesar de su edad y en la que ha demostrado ser un perfil con tintes socialistas que amenaza a las grandes empresas norteamericanas.

Mientras este arcaico sistema nos muestra una poca eficiencia en el conteo de las votaciones y nos hace valorar nuestras instituciones; por otra parte, tenemos que envidiar la calidad y la altura de los políticos norteamericanos, que nos permitirán observar debates de gran calidad durante los próximos meses en los que daremos puntual seguimiento a este fascinante proceso.

 

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