Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Después de ver esta cinta, el debut cinematográfico del personaje creado por Yuki Naka y Naoto Oshima para la compañía de videojuegos SEGA en 1991, podemos afirmar que no basta ni la amplia base de fanáticos que adoran a algún personaje digital que habita en un anónimo mundo de fantasía ni la nostalgia que éste produce en dichos consumidores para justificar una película así de fofa. “Sonic: La Película” es una muestra de la bancarrota creativa que asola al Hollywood de nuestros días no sólo por acogerse a una narrativa ya preestablecida en consolas electrónicas, sino porque su guion y personajes no hacen más que limitar sus posibilidades argumentales a los manoseos emocionales más infectos queriendo pasar su argumento como una oda a la amistad pero sostenido mediante muletillas cursis y fantoches de lo más empalagoso que termina produciendo dos efectos muy concretos y paradójicos en el espectador: narcolepsia e ira ante el irremediable hecho de que, una vez más, se nos ha estafado.

James “No Doy Pie Con Bola” Marsden (el Cíclope original en las primeras versiones fílmicas de “Los Hombres X”) protagoniza como un sheriff de un pequeño pueblo llamado Tom Wachowski donde no sólo mantiene el orden judicial, también es su samaritano por excelencia auxiliando a quien lo necesite incluso en labores triviales como un cambio de llantas mientras lucha por entrar a la fuerza policial de San Francisco para cumplir su sueño de trascender su condición pueblerina apoyado por su fiel y adorada pareja sentimental, aún si eso significa abandonar a sus amigos y un puesto designado generacionalmente desde hace décadas. Lo que nadie sabe es que todo el acontecer del lugar está siendo atestiguado por un ser de pelaje azul con fisonomía similar a la de un erizo cruzado con Mickey Mouse y detentor de una súper velocidad procedente de una dimensión paralela no especificada o siquiera nombrada en la película. Su arribo sirve como prólogo del filme donde vemos que desde pequeño esta criatura, llamada Sonic, es forzado a vivir en nuestra realidad por circunstancias no muy claras empleando unos anillos capaces de crear portales a otros mundos. Llegada la madurez, Sonic deberá emigrar a otra dimensión habitada tan solo por hongos (de nuevo, sin que sepamos exactamente por qué) pero con el paso del tiempo el personaje no sólo ha encontrado refugio en el pequeño pueblo sin ser visto, también se ha encariñado con sus habitantes y en particular del mencionado sheriff (de nuevo, por razones algo ocultas, a quien bautiza como Lord Dona por su afición a ese pan circunferencial.

Siendo sólo testigo y no miembro activo de la comunidad hace que Sonic padezca de soledad crónica, y en un momento de frustración desata mediante su hipervelocidad una descarga eléctrica que llama la atención del gobierno de los Estados Unidos, el cual envía al enloquecido científico Ivo Robotnik (Jim Carrey) para que encuentre la causa. Por supuesto, esto erogará en un enfrentamiento donde Sonic terminará abandonando su anonimato y uniendo fuerzas con Tom (Marsden) para lograr escapar de los planes vivisectores de Robotnik, forjando una amistad en el proceso.

Durante toda la película queda claro que el leitmotiv del protagonista es el amparo y aceptación social, pero la idea se desgasta con la misma rapidez con que Sonic se desplaza debido al empleo de ese recurso dramático más como herramienta de chantaje emocional que como verdadero motor motivacional, desproveyendo de carácter honesto al erizo albiceleste y por ende tornando flácida su potencia como personaje. La otra adversidad que enfrenta la cinta es la novata interpretación que el director Jeff Fowler tiene sobre el cine en ésta, su ópera prima, pues no presenta algo novedoso o construye elementos de interés para el espectador, depredando de filmes anteriores similares para regurgitarlos en esta cinta (v.g. la rigurosa escena de pelea en un bar). Incluso el mismo Jim Carrey, a quien ya teníamos un buen rato de no verlo en pantalla grande, no hace más que replicar los gestos y desfiguraciones faciales por las que ganara la atención y numerosos fans hace dos décadas sin algún aporte ni al personaje o a su quehacer histriónico/cómico. “Sonic: La Película” peca de predecible y aburrida, por lo que podemos afirmar que la velocidad con que se mueve el personaje es inversamente proporcional al gozo que siente uno como espectador al verla.

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