Adrián Flores

No hay guía o instructivo en la manera que se debe de educar y formar a un hijo. Sin embargo, el comportamiento de los padres siempre va a influir directa o indirectamente en el resultado de la formación. En el arte de educar a los hijos, los extremos son peligrosos; la sobreprotección y la indiferencia o la libertad pueden causar efectos irreparables en la vida del niño o del adolescente.
Tanto la sobreprotección, como la indiferencia, son considerados como un tipo de maltrato, puesto que recae en la posibilidad del desarrollo del hijo. Marina González Torres, profesora, investigadora y psicóloga con doctorado en Ciencias del Comportamiento por la Universidad de Guadalajara, afirma que cualquiera de los dos extremos repercute de manera nociva ante el hijo. También se ha comprobado que estos patrones son factores importantes que determinan depresión en la vida adulta del niño o adolescente.
Por su parte, la sobreprotección subestima las capacidades del niño, se le limita la oportunidad de tener sus propios logros o fracasos y obstruye su desarrollo ante situaciones cotidianas de la vida diaria, comenta la doctora. La indiferencia, por otro lado, crea una libertad excesiva que genera desconfianza y que deja a duda si hay algo qué hacer, puesto que no se les es requerido.
A pesar de la contrariedad que dichos comportamientos de formación tienen, hay un punto común que es el que predice su índole de maltrato y que afecta en la adultez del hijo, éste es el “entender el ambiente como incontrolable”.
Al entender el ambiente como incontrolable, el niño siempre dependerá del exterior, de lo que éste le exija y si esto se encuentra fuera de sus alcances, no será capaz de resolver los problemas y por ende, no conocerá el verdadero valor de las consecuencias.

EL PUNTO MEDIO. La especialista recomienda que al educar un hijo se pretenda buscar un híbrido entre los dos extremos mencionados, para que al menos este patrón no genere tanta opresión y de la misma manera, tampoco suelte la rienda completa del educado.
El papel de padre y madre ha cambiado con el tiempo, en generaciones pasadas la relación padre e hijo era de manera jerárquica inculcando un respeto hacia los padres basado en el miedo. Ahora, con la moda de los papás como “amigos”, la relación ha cambiado a horizontal, dando más libertad a los hijos en cuanto a opinión respecta, es aquí donde se tiene que tener cuidado, puesto que los padres siempre serán un ejemplo a seguir para los hijos; si la mano es floja se resbala, y si la mano es dura se golpea.
Un punto medio es la clave, más no la respuesta entera, para una mejor formación. Marina González está a favor de una supervisión que además sea guía y apoyo en la orientación del educado. Esto generará una mayor confianza y el conocimiento de consecuencias propias para el hijo.
Como se dijo al principio, no existe guía o instructivo para educar, pero ciertos patrones pueden llegar determinar el desarrollo del niño y del adolescente. Entonces habrá que tener cuidado con la formación.

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