Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

El ciclo escolar 2016-2017 terminó sin pena ni gloria: no se supo si se cumplieron o no los propósitos ni las metas cualitativos que se establecieron en educación básica y media superior; no se informó nada al respecto. Tan solo se dijo, en alguna declaración fortuita, que se cumplieron las expectativas; pero, ¿cuáles fueron esas expectativas?, ¿hasta dónde se pretendía llegar y dónde se llegó? Pareciera que la educación navega sin rumbo definido. En unos días más iniciará el ciclo escolar 2017-2018 y tampoco se conocen, hasta hoy, las metas fijadas en el rubro de calidad educativa. ¿Habrá algún punto de llegada en el ciclo escolar que está por iniciar?

Es muy posible que los responsables de la educación local no estén pensando en fijarse propósitos ni metas para mejorar la educación, incrementar el número de aprobados y abatir la deserción escolar; porque resultan muy comprometedores. Y si no hay propósitos ni metas, tampoco puede haber acciones ordenadas ni sistematizadas en los procesos educacionales, como tampoco se pueden evaluar avances ni resultados; toda vez que no habría con qué contrastarlos. Si fuera el caso, entonces la educación básica y la media superior estarían navegando a la deriva, hacia donde sopla el viento; en otras palabras, las escuelas prestarían servicios por inercia y al “a’i se va”, con todas las consecuencias previsibles. A pesar de todo, maestros, directores y supervisores no pierden esperanzas y siguen esperando señales de rectoría de sus autoridades para enfrentar y superar, coordinadamente, los retos que implica el otorgamiento de una educación de calidad. Se espera salgan de su confort, que tomen decisiones necesarias en el terreno de los hechos y que no dejen solos a docentes, directores y supervisores, en la solución de los problemas educativos; dejarlos solos, es tanto como abandonar la idea de sistema escolar para que éste se convierta en anarquía escolar; siendo los alumnos los más perjudicados. Tomar decisiones tiene sus riesgos, pero es más perjudicial dejar a la deriva los procesos educacionales de niños, adolescentes y jóvenes del estado.

La Secretaría de Educación Pública ha estado tratando de mejorar la educación a través de distintas estrategias contenidas en la Reforma Educativa; pero pareciera que hay resistencia, o indiferencia, o temor para realizar los cambios que se requieren; por ejemplo, los Consejos Técnicos Escolares ya tienen cuatro años intentando elevar la calidad educativa mediante la elaboración y desarrollo de Rutas de Mejora y no hay avances ni mejoría académica tangibles. A través de esta estrategia se pretenden mejorar la comprensión lectora, la redacción de textos, el razonamiento matemático; el abatimiento de la reprobación y el abandono escolar, entre otros propósitos; sin embargo, no hay avances ni mejoría, la situación sigue siendo la misma en la mayoría de los planteles y en otros hasta peor. ¿Por qué? Porque ha faltado rectoría, orientación pertinente y seguimiento en los procesos de los Consejos Escolares; ya que las instituciones están utilizado el tiempo y el espacio de los Consejos en lo que se pueda y resulte, pero no necesariamente para consolidar y hacer efectivas las Rutas de Mejora. Las autoridades saben de esta situación; saben que los Consejos Escolares no funcionan conforme a sus lineamientos y saben que las Rutas de Mejora no están dando los frutos deseados; no obstante, para no molestarse y no molestar a nadie, “dejan hacer y dejan pasar”, importando más la comodidad del sillón y del cubículo. Y como lo descrito, hay muchos otros rubros que tampoco están funcionando; a pesar de todo, las quincenas están aseguradas.

Es bueno cobrar, pero sería más honesto, más ético y más profesional, cobrar después de garantizar a niños, adolescentes y jóvenes, educación de calidad. El ciclo escolar 2017-2018 es buena oportunidad para establecer propósitos, metas con altas miras y férrea voluntad para hacer bien las cosas.