Luis López
Agencia Reforma

Nunca se es demasiado grande para disfrutar de la lectura en voz alta, ni para que esta actividad sea benéfica.
Los más pequeños que aún no desarrollan la lectura independiente no son los únicos que reciben estimulación de la lectura en voz alta, sino también los niños más grandes e incluso los adolescentes, coinciden expertos en programas de lectura.
Aunque los niños a partir de tercer y cuarto año de primaria, por lo general ya son lectores competentes, compartirles un texto de manera oral permite acercarlos a libros y temas más avanzados, afirma Myrna García, fundadora de El Rincón de los Cuentos, espacio dedicado a la lectura infantil.
“A veces tenemos niños muy lectores que pueden tomar libros con temas que aún no son de su edad, y solos no les entenderán muy bien, pero ayuda si entra el adulto a leer y a dialogar con ellos, a desarrollar su juicio crítico”, comparte la especialista.
Esta lectura guiada, señala, consiste no sólo en decir en voz alta el contenido del texto, sino también en conversar con los niños y hacerles preguntas para acercarlos a la historia, como pedirles que compartan qué harían si se encontraran en la misma situación que el protagonista del cuento.
De esta manera, el pequeño expande su vocabulario, aprende información nueva y se acerca de manera acompañada a temas que requieran de mayor madurez, como historias que traten sobre la muerte, el abuso de las drogas o la atracción hacia otra persona.
La lectura en voz alta ayuda a reforzar los lazos afectivos si se realiza en familia, entre padres e hijos, añade la experta, quien imparte actividades de lectura para pequeños desde recién nacidos hasta los 12 años de edad.
“Se crea un vínculo y los hijos son cómplices de historias que comparten con sus papás a través de sus lecturas, y con eso los niños asocian a los libros con el amor y el cariño de sus papás y se inclinan más a leerlos por su cuenta”, explica.
Las historias también ayudan, en todas las etapas de la vida, a explicar cómo funciona el mundo, por lo que entre más se expone un niño desde temprano a las narraciones, más amplio será su entendimiento de su alrededor, añade Alejandro Rodríguez, director de Desarrollo y Patrimonio Cultural de Conarte.
“A veces pensamos que la ficción es algo secundario a la razón, pero el ser humano no puede sobrevivir sin las historias, porque así es como aprendemos mejor”, indica el experto, organizador en años anteriores del Encuentro Internacional de Fomento a la Lectura de Conarte.
Por ejemplo, un joven quizá no ponga la misma atención a una advertencia contra algo, pero si escucha una historia de un personaje que sufre las consecuencias de esa acción, puede quedar grabado mejor el mensaje, señala.
La clave, menciona el promotor de lectura, es transmitir a los niños el gozo hacia esta actividad, lo que sembrará en ellos la semilla para cultivarse como buenos lectores al crecer.

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