Siglos de tradición

El desempolvar la caja de las esferas, acomodar las ramas verdes y colocar la estrella en la punta del pino de Navidad es una tarea que ocupa a las familias cada diciembre.
Sin embargo, la puesta del árbol navideño inició hace siglos y sus orígenes no son precisamente cristianos, explica el experto en teología Luis Eugenio Espinosa González.
Con su verde follaje y llamativos adornos, este ornamento encierra significados, ideologías y hasta supersticiones.
Desde antes de la existencia de las religiones, los seres humanos ven a las plantas siempre verdes como símbolos que alejan las fuerzas malignas, explica Espinosa González, también especialista en filosofía.
“En el norte de Europa, cerca de Alemania y los países bálticos, el pino era el árbol perenne al que se le atribuyó la capacidad de ahuyentar demonios”, relata.
“Cuando los misioneros cristianos llegaron a la región, utilizaron el pino para reemplazar a los árboles sagrados que los nativos adoraban. La forma triangular de la planta ayudó a que los evangelizadores transmitieran la idea de la Santísima Trinidad”.
Este empleo del árbol perenne comenzó alrededor de los años 700 u 800, explica el teólogo, pero la costumbre de colocar el pino en el interior de la casa nació en el siglo 16 con Martín Lutero.
“Tras el conflicto con la Iglesia católica, este fraile alemán se enfocó en la expresión de la fe a través de símbolos y no imágenes”, dice Espinosa González.
“Alrededor de 1530 imaginó traer un árbol al interior del hogar en vez de adorarlo en el exterior como dictaba la tradición de la región y, al pensar cómo la nieve le daba brillo al pino, le colocó luces”.
El especialista explica que los protestantes migraron a Estados Unidos y trajeron la tradición a América.
“Los católicos no adoptaron esta práctica hasta que, alrededor de 1980, el Papa polaco Juan Pablo II trajo la tradición del pino desde su zona natal hasta Roma”, puntualiza.

ASÍ LO DIJO
“Cuando los misioneros cristianos llegaron a la región, utilizaron el pino para reemplazar a los árboles sagrados que los nativos adoraban. La forma triangular de la planta ayudó a que los evangelizadores transmitieran la idea de la Santísima Trinidad”.
Luis Eugenio Espinosa, experto en teología.