Fuerza. La palabra sobre la fachada de un edificio, junto a la bandera puertorriqueña, se contempla desde la alberca infinita de un hotel en la capital de la isla.
Mensajes de aliento como ese acompañan a los habitantes tras el paso de los huracanes “Irma” y “María”, que, en septiembre de 2017, dejaron una cicatriz en varios destinos del Caribe, entre ellos la Isla del Encanto. Pero a ocho meses de la tragedia, Puerto Rico está listo para recibir a los viajeros.
“Seguimos vivos y coleando”, reflexiona Jeannette Avilés, directora de ventas del Sheraton Puerto Rico Hotel & Casino.
“La resiliencia que el puertorriqueño tuvo ante la situación nos hizo un pueblo más unido”.
Con ganas de experimentarlo todo, hacemos de San Juan la base para conocer, durante las mañanas, dos atractivos naturales situados al este de la isla. Por la noche nos sumergimos en la escena gastronómica y nocturna de la capital, tanto en el barrio de Condado como en el Viejo San Juan.
Dejamos el hotel antes de las 10 de la mañana con destino a la Hacienda Carabalí, un parque de aventura situado en el municipio de Luquillo, a unos 40 minutos de San Juan por la carretera 66.
Durante dos horas recorremos la hacienda a caballo, custodiados por el verdor del Bosque Nacional El Yunque. La vegetación -lo que más pronto se recuperó en la isla tras los huracanes-, compuesta por enredaderas, helechos, almendros y una que otra ceiba, es la constante en el trayecto. Y el descanso a orillas del río Mameyes, uno de los momentos más relajantes.
Al día siguiente, la misma carretera 66 nos lleva un poco más lejos, hasta el municipio de Fajardo, donde abordamos el catamarán Barefoot en Villa Marina con destino al cayo Icacos; un pequeño paraíso sin infraestructura, donde el mar se ve de al menos cinco azules diferentes cuando brilla el sol.
Los pasajeros almuerzan, beben rum punch y, claro, escuchan salsa y reguetón. Tras nadar, jugar voleibol o asolearse, el grupo vuelve al catamarán para ir al arrecife Tortugas. Ahí hay oportunidad para esnorquelear.
“Es buen tiempo para venir, todavía tenemos los recursos para sustentar al turismo: tenemos el arrecife, los peces, todo está intacto”, dice Elwin “Tito” Sabat, capitán del Barefoot.
“Sin miedo pueden venir y visitar la isla. Y la van a pasar divino”.