Luis Muñoz Fernández.

El aborto ha tenido una larga historia de prohibición y de práctica. Su represión no ha conseguido evitarlo sino, únicamente, convertirlo en un procedimiento de alto riesgo para la vida y la salud de las mujeres. La asunción de tal riesgo genera, a su vez, una situación gravemente discriminatoria, que se produce no sólo entre mujeres y hombres sino entre las propias mujeres, ya que la posibilidad de acceder a un aborto seguro es muy diferente en función de la capacidad económica y cultural. Por ello la ley debe ser cuidadosa al garantizar las condiciones de equidad y ofrecer a todas las mujeres las mismas oportunidades.

Maria Casado y cols. Documento sobre la Interrupción Voluntaria del Embarazo, 2008.

 

El Doctor en Filosofía Rodolfo Vázquez, profesor emérito del Instituto Tecnológico Autónomo de México y miembro fundador del Colegio de Bioética, A.C., cita en un texto titulado “Derechos de las mujeres y autonomía personal” un ejemplo tomado de Judith Thomson (“Una defensa del aborto”, en Margarita M. Valdés (comp.), Controversias sobre el aborto, UNAM-FCE, México, 2001) que ilustra muy bien la dimensión ética de un embarazo no deseado y lo que implica para la mujer afectada:

Imagine lo siguiente: Usted se despierta una mañana y se encuentra en la cama espalda contra espalda con un violinista inconsciente. Un famoso violinista inconsciente. Se descubrió que tiene una enfermedad renal mortal, y la Sociedad de Amantes de la Música ha consultado todos los registros médicos disponibles y ha descubierto que sólo usted tiene el grupo sanguíneo adecuado para ayudarlo. Por consiguiente usted ha sido secuestrado, y la noche anterior han conectado el sistema circulatorio del violinista al suyo, de modo que los riñones de usted puedan ser usados para purificar la sangre del violinista además de la suya propia. Y el director del hospital le dice ahora a usted: “Mire, sentimos mucho que la Sociedad de Amantes de la Música le haya hecho esto, nosotros nunca lo hubiéramos permitido de haberlo sabido. Pero, en fin, lo han hecho, y el violinista está ahora conectado a usted. Desconectarlo a usted sería matarlo a él. Pero no se preocupe, sólo es por nueve meses. Para entonces se habrá recuperado de su enfermedad, y podrá ser desconectado de usted sin ningún peligro.” ¿Está usted moralmente obligado a acceder a esta situación? No hay duda de que sería muy amable de su parte si lo hiciera, demostraría una gran generosidad. Pero ¿tiene usted que acceder? […] ¿Qué sucedería si el director del hospital dijera: “Mala suerte, de acuerdo, pero ahora tiene usted que quedarse en cama, conectado al violinista, por el resto de su vida. Porque recuerde esto: toda persona tiene derecho a la vida; y los violinistas son personas. Por supuesto, usted tiene derecho a decidir lo que suceda a su cuerpo y en su cuerpo, pero el derecho de una persona a la vida prevalece sobre el derecho de usted a decidir sobre su cuerpo. Así que nunca podrá ser desconectado de él”? Creo que usted consideraría que eso es monstruoso, lo cual es indicio de que hay algo realmente equivocado en el argumento que acabo de mencionar y que suena tan verosímil.

Todos podemos comprender la terrible situación que enfrenta la persona que ha sido secuestrada y conectada sin su consentimiento al violinista enfermo. No es difícil imaginar que debe ser una experiencia muy parecida a la que sufre una mujer con un embarazo no deseado.

En nuestro país y en otros que se hallan en circunstancias similares, con un sector social conservador muy influyente y beligerante, las discusiones sobre la interrupción voluntaria del embarazo alcanzan su punto álgido al poner en pugna y en circunstancias supuestamente similares los derechos de la mujer y del embrión-feto o nasciturus (el concebido, pero no nacido), como se le denomina en el ámbito jurídico. En otros países donde el aborto ha sido despenalizado, como es el caso de España, se expresa claramente en el ordenamiento jurídico que la mujer y el embrión-feto que está en su seno no tienen igualdad de derechos:

Según el Tribunal Constitucional español, «el artículo 15 CE reconoce como Derecho fundamental el derecho de todos a la vida, del que son titulares los nacidos». Así se recoge en la STC 53/85 (en especial Fundamentos Jurídicos 4 y 7) de forma que el ‘nasciturus’ se considera un «bien jurídico protegido» pero no goza de la titularidad del derecho a la vida, ni de la especial dignidad humana.

El mismo Tribunal Constitucional español no considera al nasciturus una persona, sino un bien jurídicamente protegido. Siguiendo este razonamiento, el embrión no es titular de los derechos de los que goza su madre, que evidentemente sí es una persona. Por ello, y desde ese punto de vista, son seres asimétricos: no tienen los mismos derechos.

Pensamos que el ejemplo de España puede ser útil para iluminar el debate sobre el aborto que se da en México por la cercanía histórica y cultural de ambos países con sendos Estados laicos. En este sentido, es especialmente ilustrativo el “Documento sobre la Interrupción Voluntaria del Embarazo”, publicado en 2008 por el Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona (http://www.publicacions.ub.edu/refs/observatoriBioEticaDret/documents/07896.pdf):

El enfoque adoptado por este Grupo de Opinión parte de considerar que la discusión pública sobre el aborto no debe introducir criterios procedentes de concepciones religiosas, sobre el bien o la vida ideal, apropiadas para imponerse a uno mismo voluntariamente, pero no materia de corrección moral interpersonal que pueda imponerse a los demás. Ello significa que no es posible debatir, deliberar o dialogar sobre temas controvertidos en el campo de la bioética, como el aborto, si no se aceptan normativamente los valores de cientificidad, laicidad y pluralismo democrático.

Y el documento señala también que:

Es necesario resaltar que no existe un conflicto de derechos entre los de la mujer y los del embrión-feto. Simplemente, estos últimos no son titulares de derechos fundamentales. Por lo mismo, el Estado debe utilizar todos los recursos a su alcance para salvaguardar los derechos de la mujer.

Lo que de manera clara y sólida sustenta la despenalización del aborto en la legislación española y en la de la mayoría de los países miembros de la Unión Europea. Este argumento tiene las bases filosóficas y científicas necesarias para orientar las decisiones y acciones que se toman sobre el particular en aquellas sociedades. E insistimos: estas bases son un ejemplo útil para el debate sobre el aborto en nuestro país.

¿De qué bases  estamos hablando? Volvamos al texto esclarecedor de Rodolfo Vázquez que mencionamos al principio. En él, su autor cita al filósofo inglés Peter Strawson para definir lo que es una persona: un ser “al que podemos atribuir tanto propiedades corpóreas como estados de conciencia”.

Es evidente que el embrión-feto no cumple con el requisito de la conciencia. La evidencia científica así lo demuestra. En este punto, Rodolfo Vázquez acude a los argumentos de los doctores Ricardo Tapia y Ruy Pérez Tamayo, científicos ambos y miembros como él del Colegio de Bioética A.C. Argumentos que expondremos en la segunda parte de este escrito.

https://elpatologoinquieto.wordpress.com

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